Representantes de la oficina de Segumar de la Autoridad Marítima de Panamá en Miami se reunieron con el Servicio de Guardacostas de Estados Unidos para analizar la implementación del convenio de agua de lastre.
Estados Unidos (EU) ha señalado que no permitirá la llegada de embarcaciones que no cuenten con una planta para tratar las aguas de lastre, pese a que este país aún no ha ratificado este convenio aprobado por la Organización Marítima Internacional (OMI).
El agua de lastre suministra equilibrio y estabilidad a los buques vacíos y es esencial para la operación segura y eficiente del transporte marítimo actual.
El acuerdo comenzó a regir en septiembre de 2017 y busca controlar las especies acuáticas invasivas que amenazan los ecosistemas.
Para implementar este acuerdo las navieras deben invertir en las bombas de tratamiento que se instalan en las embarcaciones. Se trata de equipos que cuestan cientos de miles de dólares.
Por lo mínimo, un cuarto de millón de dólares, ya que se tiene que hacer en un astillero. Además de instalar el equipo, se requieren adecuaciones a todas las tuberías que tiene un barco.

“Es un rompecabezas de tuberías junto con tanques de lastre”, describe Demóstenes Sánchez, jefe regional de documentación de Gente de Mar en Miami y uno de los primeros panameños certificados por el United States Coast Guard.
Las embarcaciones también tienen la alternativa de descargar el lastre en un puerto para tratar el agua en una planta, pero se trata de un proceso más complicado por toda la logística.
La implementación del convenio también requiere de la responsabilidad y compromiso de los oficiales de marina y la gente de mar para que se cumpla.
El principal factor que contribuye a este problema es el transporte de productos y mercancías por vía marítima, con lo cual se introducen especies en nuevos entornos.
Por ejemplo, los jellyfish o medusas invadieron aguas del mar Caspio y mar Negro afectando la economía directa en la industria pesquera; golden mussels originarios de ríos de China hoy invaden las aguas de ríos de Suramérica. En el plano local, algunos científicos afirman que el pez león, un depredador de muchas especies marinas en aguas del Atlántico panameño, llegó por medio de las aguas de lastre.
El problema se agravó a medida que el volumen del comercio y el tráfico se fueron ampliando a lo largo de los últimos decenios. Hoy día más del 90% del comercio mundial se desarrolla por vía marítima. Este elemento llevó a la OMI a implementar medidas en los barcos, como registro de movimientos de agua de lastre a bordo y plantas o sistemas de tratamiento que utilizan tecnologías como rayos ultravioleta (electrólisis), proceso continuo de agua (diálisis) y plantas generadoras de ozono para eliminar especies invasoras que viajan en el agua de lastre.
