En los dos años desde que Washington levantó una prohibición de 40 años sobre las exportaciones de petróleo, buques cisternas llenos de crudo estadounidense han llegado a más de 30 países, desde enormes economías como China y la India, a la pequeña Togo.
La derogación ha desatado una ola de crudo estadounidense, presionando a los precios del crudo global, mitigando la influencia de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y tomando participación de mercado de sus propios países miembros.
En 2005, antes de la revolución del esquisto, Estados Unidos (EU) tenía importaciones netas de 12.5 millones de barriles por día (bpd) de crudo y combustibles, que se compara con solo 4 millones de bpd en la actualidad.
Los productores estadounidenses están consiguiendo nuevos clientes entre algunos de los mayores importadores de petróleo del mundo en Asia y Europa, en una amenaza seria de competencia a los únicos países que producen ese volumen de petróleo: Arabia Saudita y Rusia.
En casa, la bonanza de las exportaciones ha llenado oleoductos y provocado un incremento en las inversiones en nueva infraestructura. Los productores estadounidenses exportan ahora entre 1.5 millones y 2 millones de barriles de crudo por día, que podría aumentar a alrededor de 4 millones en 2022. La producción del país respondería por más de un 80% del crecimiento del suministro global en la próxima década, según la Agencia Internacional de Energía.
Buena parte del mayor flujo irá a China, el principal importador mundial y, desde noviembre, también el mayor comprador de crudo estadounidense. “El flujo del crudo estadounidense a Asia es una gran tendencia en el comercio mundial de petróleo”, dijo Chen Bo, presidente de Unipec, el mayor comprador chino de crudo estadounidense.
En forma separada, el conglomerado químico y petrolero estatal chino Sinochem Group planea abrir una oficina comercial en Houston este año para enviar crudo de EU a las refinerías chinas independientes.

