TECNOLOGíA

Furor por FaceApp reabre debate sobre privacidad

Claro, me gusta la privacidad en abstracto. Pero estoy solicitando un apartamento en la ciudad de Nueva York, y acabo de enviar mi formulario W-2 ligeramente editado, mis antecedentes de crédito y capturas de pantalla de mi cuenta bancaria a varias personas solo porque dijeron ser corredores inmobiliarios.

Por lo tanto, no puedo juzgar a los miles de estadounidenses que enviaron una foto de sí mismos a una aplicación de teléfono inteligente de fabricación rusa de la que no habían oído hablar el día anterior.

FaceApp es una aplicación viral que permite a las personas crear imágenes sorprendentemente realistas de sí mismos como personas mayores o como niños. Y esta semana, generó pánico a medida que aparecían informes de que las personas que usaban la aplicación estaban enviando sus imágenes a una empresa rusa poco conocida para que las manipularan.

El escándalo no es sorprendente. Ya sea algo moderno como FaceApp (que, literalmente, lo único que hace es envejecerlo) —o la vieja tortura de solicitar un apartamento urbano— no hace falta mucho para que cualquiera de nosotros entregue nuestros datos.

No tengo idea si las personas deberían desconfiar de FaceApp en particular. Los investigadores de seguridad no han encontrado evidencia de que absorba todas sus fotos o haga algo igualmente infame.

La compañía dijo que elimina la mayoría de las imágenes dentro de 48 horas y que eliminará los datos de un usuario si así lo solicita.

El hecho de que sea ruso no es suficiente para desacreditarlo. Sin embargo, el líder de la minoría demócrata en el Senado, Chuck Schumer, solicitó una investigación del FBI. Y si estuviéramos viviendo en una película, la poderosa máquina de reconocimiento facial que pone a la humanidad de rodillas sin duda se basaría en la vanidad humana viral.

Es interesante observar el pánico por FaceApp en el contexto de una conversación más amplia sobre privacidad en torno a los gigantes tecnológicos.

En Facebook Inc., la compañía ha argumentado que su magnitud es parte de la razón por la que es capaz de salvaguardar los datos de los usuarios mejor que los competidores más pequeños y menos controlables.

Pero con tantas personas tan dispuestas a intercambiar sus datos por conveniencia (o un descuento o un apartamento o un filtro facial), la mano invisible del mercado probablemente no nos proteja de la extralimitación tecnológica.

Edición Impresa