Hyundai Motor Co. ha estado atascada en segunda marcha durante tanto tiempo que es fácil olvidar que puede ir más rápido.
Sus acciones cayeron casi un tercio en un lapso de tres meses a fines de 2014 ante las presiones salariales, un won surcoreano más fuerte y preocupaciones en torno a la compra por 10 mil millones de dólares de un sitio para sus nuevas oficinas centrales en el exclusivo distrito Gangnam de Seúl.
Desde entonces, ha oscilado entre aproximadamente los 131.60 dólares y los 150.40 dólares, sin ningún signo real de mejora.
La estabilidad del precio de las acciones de Hyundai es una señal de que los puntos de vista de los accionistas se están volviendo cada vez más optimistas, aun cuando las perspectivas reales de ganancias se deterioran.
Al mismo tiempo, hay indicios de que ya podría haber pasado lo peor para Hyundai y su filial chaebol Kia Motors Corp. La ganancia neta de Hyundai en el cuarto trimestre de mil 200 millones de dólares correspondió a su primer aumento interanual desde 2013, ayudado por un enorme beneficio fiscal.
Una de las principales debilidades de Hyundai en los últimos años ha sido su débil línea de vehículos utilitarios deportivos en un mercado que los está devorando. Eso podría cambiar en 2018, con nuevas versiones de sus venerables modelos Santa Fe y Tucson, así como el nuevo Kona, modelo subcompacto destinado a captar la moda china de los SUV urbanos diminutos.

