Stefy Cohen *
OPINIÓN
Por un momento consideré no escribir este artículo. Luego, recapacité y lo empecé a escribir. Como no estaba fluyendo como hubiera querido, pensé no terminarlo y presentar una excusa. Me demoraba más tiempo descifrar exactamente cómo me excusaría, de lo que me demoraría concentrarme y terminar el artículo. En el universo paralelo donde esa situación fue cierta, violé mi disciplina de escritura, interrumpí la constancia de mi trabajo, y fallé a mi compromiso de compartir un artículo semanalmente. Un artículo todos los lunes. Esa es la meta, esa es la expectativa, ese es el compromiso.
Una de las grandes frustraciones de los emprendedores es que tienen desalineadas sus visiones de éxito de las acciones necesarias para cumplirlas. El emprendimiento es tan aspiracional que podemos estar apenas abriendo el nuevo negocio y ya estamos visualizando que nos entrevistarán en CNN, porque hemos construido un negocio millonario que atiende de manera excepcional a todos los clientes, y está redefiniendo las pautas en la industria. Sin embargo, cuando pensamos en las acciones que debemos llevar a cabo para lograr esas metas, de alguna manera siempre encontramos excusas para no hacerlas. Aunque pensamos que quisiéramos despertarnos una hora más temprano, se hace difícil hacerle caso a la alarma.
Aunque pensamos que quisiéramos administrar mejor nuestro tiempo, se hace difícil cerrar Facebook, olvidarnos del celular y decirle que no a las reuniones que están de más para esta semana. Aunque pensamos que quisiéramos brindar el mejor servicio al cliente, no prestamos atención a todos los detalles ni a todas las personas.
El efecto del Namaste en el Emprendimiento, muy bien podría también llamarse el efecto del Crossfit en el Emprendimiento o el efecto de la Dieta Paleo en el Emprendimiento.
Alrededor del mundo, y en Panamá también, ha ganado total momentum el movimiento del bienestar personal: cuidado del cuerpo y de la mente. Es admirable la fuerza con la que se le dice “no” a comidas que no son buenas para la salud y la determinación con que se le dice “sí” a rutinas estrictas de ejercicio.
Más que admirable, propongo que sea replicable. Propongo que tratemos nuestra rutina y disciplina de trabajo como se tratan las rutinas y disciplinas de dieta y ejercicio. Porque solo cuando puedes contar con tu mente, puedes confiar en ti mismo para hacer lo que sea.
En las dietas es clarísimo qué se puede comer y qué no se puede comer. Algunas personas tienen listas, otras tienen menús. Imagina si de esa manera tuvieras enlistadas las cosas que debes hacer y las que no puedes hacer más. “No cancelar ninguna cita a última hora”, iría en un lado. “Tener por lo menos dos días de tiempo productivo sin reuniones”, iría al otro lado.
En el ejercicio están definidas las horas y los días en que se debe practicar. Alguna gente va antes de ir al trabajo, otra gente va después. Algunos se inscriben en clases, otros tienen su propia rutina. En un artículo anterior, describí la Caja de Eisenhower para segmentar tu tiempo cada semana.
Una rutina de dieta y ejercicio exige cambiar la arquitectura de nuestra vida. Siempre existen las tentaciones, los chocolates y los planes sociales, pero esa nueva estructura es la que les permite a los atletas mantenerse dentro del plan. Una rutina de emprendimiento no solo amerita, sino que necesita la estructura y la disciplina.
Es difícil rendirle cuentas a alguien más; tener a alguien cerca, pendiente de y supervisando nuestras fortalezas y debilidades. Pero es mucho más difícil rendirnos cuentas a nosotros mismos.
Hacer lo que queremos hacer. Hacer lo que dijimos que haríamos. Solo porque nos lo prometimos a nosotros mismos. Solo porque nos comprometimos con nuestras metas. El compromiso no es un sentimiento ni un deseo, el compromiso es una rutina y una disciplina.

