OPINIÓN
Una vez estaba con mi mamá apunto de entrar a la casa y había una enorme araña en la manilla de la puerta. Nuestro primer instinto asustadizo fue retroceder por miedo y probablemente gritar un poco, también. Sin embargo, rápidamente caímos en cuenta de que lo único que nos separaba de entrar a nuestra casa, era el miedo de un insecto mucho más pequeño que nosotros. Entonces, mi mamá se armó de valor y abrió la puerta, a pesar de la araña. Luego, en el tono filosófico que solo las madres tienen para enseñar una lección, me dijo: “cuando uno tiene miedo, al otro le toca hacerse el valiente”.
Muchas veces, lo único que nos separa de cruzar por la puerta del mundo del emprendimiento, es el miedo. El miedo, como los pensamientos obsesivos, es una espiral ascendente. Empezamos con una vocecita pequeña que comienza a cuestionar nuestras ideas y nuestros esfuerzos de emprender. Progresivamente la voz va creciendo, y va creciendo, hasta que se vuelve lo único que podemos escuchar. El miedo se adueña de nuestra realidad y nos hace olvidar por qué queríamos emprender en primer lugar.
Comúnmente, tomamos el miedo como la indicación de que nuestras ideas no son buenas. Tomamos el miedo como una señal de “alto” o “calle sin salida”.
En realidad, el miedo es solo una indicación de que: 1) nos importa lo suficiente para querer que salga bien y 2) de que no conocemos exactamente cómo se hace y por lo tanto, hay que prepararnos.
Nadie decide que va a escalar el Everest, se arma de valor, y se lanza a la aventura. Para escalar el Everest hay que ponerse en forma, escalar montañas más pequeñas, y entonces sube con sherpas que puedan guiar el camino. En el emprendimiento (y en todos los aspectos de la vida) deberíamos hacer lo mismo.
El miedo surge porque tratamos de predecir si nuestra idea tendrá éxito o si será un fracaso total. El miedo surge porque estamos tratando de predecir los resultados de una idea que no hemos ejecutado. El miedo surge de preguntarnos: “¿Será que puedo escalar el Everest?” – sin antes haber escalado la India Dormida.
La claridad no viene de debates mentales ni de predicciones. La claridad viene de la acción. Por eso, la mejor manera de vencer el miedo es empezando con un pequeño proyecto. Los pequeños proyectos, planes pilotos, primeras pruebas, experimentos. Los pequeños proyectos son un puente entre una idea en nuestra cabeza y la realidad. Un pequeño proyecto puede ser: empezar un blog, organizar un evento, tratar de conseguir solo el primer cliente, imprimir en 3D un diseño de prueba, empezar vendiendo en la esquina de una tienda antes de abrir una tienda completa.
Hace algunas semanas se inauguró la esquina de productos panameños: Creado en Panamá. Su fundadora, Michelle Khafif Levy, me comentó que su visión era tener locales donde los artistas panameños puedan ofrecer sus productos que resalten el talento y la identidad nacional. En vez de esperar a que sea el momento adecuado para realizar este sueño, ella decidió empezar ahora, solo con una esquina, con un pequeño proyecto.
No hay que empezar con grandes proyectos, solo con grandes metas. Los pequeños proyectos nos permiten disminuir el riesgo de empezar un negocio. Nos permiten recibir comentarios acerca de cómo mejorar. Nos dan el momento para seguir creciendo. Los pequeños proyectos nos enseñan los trucos del camino. Los pequeños proyectos nos enseñan cómo escalar el Everest.
Hay una araña en la puerta que nos separa de entrar a un Panamá con más servicios, más productos, más soluciones que resuelvan los problemas que tiene nuestra sociedad. No todos podemos tener miedo. Emprendedor, te invito a que te hagas el valiente. #ArrancaYa

