Pesimismo defensivo

Como ciudadanos de a pie, usted y yo no tenemos control sobre esas cosas, pero sí tenemos control sobre algunas circunstancias propias: he aquí un breve glosario para la administración de crisis.

La ley de Murphy dice que si algo puede salir mal, así será (If something can go wrong, it will), y hay veces en que es preferible ser negativo. Si para usted el vaso nunca está mitad lleno, siempre está mitad vacío, ponga a trabajar su aversión natural al optimismo: utilice la estrategia del "pesimismo defensivo". Según la sicóloga Julie K. Norem (The Positive Power of Negative Thinking: Using Defensive Pessimism to Harness Anxiety and Perform at Your Peak, Basic Books, 2001), esta estrategia anticipa un resultado negativo y luego toma medidas para evitarlo. Por ejemplo, si usted detesta hablar en público, hágase la idea de que su próximo discurso va a ser un desastre; luego imagine detalladamente todo lo que pueda salir mal (p.e., perder sus apuntes, caerse de bruces en frente de toda esa gente, tartamudear) y tome medidas preventivas o trace planes de contingencia para cada una de estas catástrofes. Esta puede resultar una técnica útil para las personas naturalmente aprensivas o crónicamente ansiosas, ya que puede aportar una sensación de control ante situaciones incómodas.

Lo opuesto de esta estrategia vendría a ser el optimismo estratégico (strategic optimism), la estrategia de prepararse sicológicamente para un reto (¿Que si puedo? ¡Yo sí puedo!). Si desconfía de la bondad del destino, entonces haga como Scarlet O'Hara ('Mañana será otro día') y compartimentalice sus temores (niche worrying): de esta forma puede encasillar sus fobias y lidiar con ellas de una en una. Si lo abruman, significa que usted tiene una "cartera de estrés" o stress portfolio, que es la colección de eventos y situaciones que le dificultan la vida.

Si su trabajo es muy estresante, como la enfermería, en que hay que tragarse el estado anímico personal para aparentar optimismo frente a los pacientes, entonces usted desempeña una "labor emocional" o emotional labor -consideremos que labor también se aplica al parto y me apunto, porque estos artículos a veces son como echar a un pelao p'afuera-, lo que puede conllevar a un colapso. La frase la acuñó la socióloga Arlie Russell Hochschild en su libro The Managed Heart: Commercialization of Human Feeling, en 1983.

Lo importante, dicen los expertos, es obtener un mayor equilibrio entre trabajo y calidad de vida, o work-life balance, donde las exigencias del pan de cada día y la vida personal se equiparan.

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