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VALOR RAZONABLE

La carrera hacia el cero y más allá

Un fenómeno inquietante en la escena financiera mundial es la proliferación, como un virus, de tasas de interés negativas, particularmente en Europa. Algunos reportes hablan ya de cerca de 20 millón de millones de dólares en instrumentos con tasas por debajo de cero.

Las tasas de interés negativas no representan un estado natural dentro de un ordenamiento económico saludable. Son una negación del principio fundamental de las finanzas que es el valor del dinero en el tiempo y, por muchos malabares intelectuales con los que se intenten racionalizar, resulta difícil argumentar su sustentabilidad dentro de un sistema económico racional.

Las tasas de interés negativas castigan a los ahorristas, que son un eslabón fundamental dentro del sistema económico. Por otra parte, favorece de forma desmedida a los deudores. Esto rompe el fino balance que la tasa de interés debe encontrar entre oferentes y demandantes de fondos en el mercado financiero. Un desbalance de esa naturaleza sólo puede generar distorsiones en los incentivos necesarios para guiar la actividad económica. Es difícil ahorrar inteligentemente cuando hay que pagar para ello y es fácil pedir prestado (para cualquier cosa, empezando por cosas improductivas y hasta estúpidas) cuando el mercado de fondos te paga para endeudarte.

Si lo anterior puede entenderse como un aspecto del problema microeconómico de las tasas de interés negativas, desde la perspectiva macro no es menos preocupante. Los bancos centrales que, están en la raíz y la vanguardia de esta situación, están desnudos, sin munición en caso de una desaceleración económica. La herramienta clásica del banquero central ante una desaceleración económica es bajar las tasas de interés. Pero si éstas están ya bajas (por debajo de cero) no hay nada que bajar, lo que resta es una operación algebraica en la que cuenta que tan cerca o lejos estamos de cero. Es como quedarse sin batería en el carro en plena cuesta.

Hay mucho que admirar en una figura transformacional como el presidente Donald Trump, pero sus llamados para que la Reserva Federal siga los pasos de Europa en esa carrera hacia la nada de tasas cada vez más bajas no son su mejor hora. Europa no es el motor y el cerebro de la economía mundial. Estados Unidos sí lo es. Un error de esa naturaleza de parte del gigante del norte podría costarnos a todos en el planeta, dónde, por lo pequeño, no hay dónde esconderse cuando el líder se equivoca.

El autor es financista 


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