Varias noticias vinculadas a la deuda pública han sucedido en el primer mes del año. Se conoció que el saldo de la deuda al cierre de 2020 fue de $36,959 millones. Esto representa un aumento de 19.15% respecto a 2019. Tan solo en el mes de diciembre se adquirió nueva deuda por $874 millones con distintas entidades multilaterales.
Además, el país adquirió nueva deuda a través de bonos globales por $2,450 millones. De un solo golpe, la deuda total aumentó 6.62% más. Las condiciones a las que se emitieron fueron favorables para el país, pero igual es deuda que genera una mayor carga de intereses y que en algún momento tendremos que repagar.
Por último, el MEF anunció una línea de crédito por aproximadamente $2,700 millones con el Fondo Monetario Internacional. Esto todavía no es deuda adquirida, pero sí es una línea que está disponible con ciertas condiciones. Esto es como ponerle un queso al ratón.
Con la nueva emisión de bonos, la deuda pública total estaría alrededor de $39,409 millones, sin tocar la nueva línea del FMI. En solo estos tres hechos estamos hablando de más de $6,000 millones. ¿Para qué toda esta nueva deuda? ¿Cómo se ha destinado toda la deuda adquirida durante este nuevo gobierno? ¿Cuánto es el costo de la línea del FMI y en cuánto tiempo hay que repagarla? ¿Cuánto será destinado para la reactivación de la economía y creación de empleos? ¿Hay algún plan de cómo y cuándo vamos a repagarla?
Si algo queda claro es que Panamá sigue gozando de sólido acceso al crédito. En una economía pequeña como la nuestra, $6,000 millones es como un cohete que, bien usado y comunicado, debería propulsar la economía.
Urge un informe a la nación que clarifique estos temas, traiga confianza, transparencia y nos trace una hoja de ruta en materia de finanzas públicas. De lo contrario, quedaremos con la misma impresión de siempre, de que cada vez que adquirimos más deuda es para financiar el gasto y nada para creación de empleo.
El autor es financista
