Hoy hace exactamente un año tuve un accidente de tránsito que debió acabar con mi vida. En medio de la confusión que reinó en ese momento y en los posteriores días pensaba sobre el futuro mientras leía noticias de muertes a nivel mundial que apuntaban hacia algo apocalíptico.
Después de mi accidente me sentí en oscuridad plena y en más de una ocasión recuerdo haber dicho “he tocado fondo”.
Nadie pudo haber anticipado lo lejos que hace un año estábamos de conocer al famoso fondo. El “tocar fondo” es una expresión que es común asociar con algo que nos empuja a salir de la espiral destructiva en la que nos encontramos y encontrar ayuda.
La metáfora pretende desnudar el punto de inflexión donde las consecuencias de nuestro comportamiento nos llevaron a enfrentar riesgos inimaginables.
La declaración del estado de emergencia en Panamá que cumple un año esta semana nos demostró una inédita cadena de nuevos fondos que no imaginábamos posible. Hablar de la muerte como hoy lo hacemos reduciéndola a un número que usualmente es anunciado a las 6 p.m. todos los días nos sacude cada vez menos, deshumanizándolo todo mientras la esperanza se asoma a través de jeringuillas portadoras de químicos que esperamos nos protejan de lo severo de la enfermedad que prontamente habrá cegado la vida de 6 mil coterráneos.
Tocar fondo normalmente suele estar acompañado de un hecho en particular que nos hace despertar de las consecuencias que estamos enfrentando o de las que estamos a nada de enfrentar si continuamos así. ¿Cuántas veces en el último año dijimos que habíamos tocado fondo cuando se materializaba frente a nosotros el hambre de quien perdió su trabajo; cuando sufrimos la falta de transparencia en la compra de un equipo médico o cuando palpábamos la indolencia del funcionario público que le costó entender la desesperación del empresario de la micro empresa ante el préstamo que nunca llegó?
Un choque sobrevivido, ser despedido del trabajo o ser diagnosticados con una enfermedad, entre otros; son ejemplos de momentos clave en los que tocamos fondo y despertamos a la urgencia de cambiar nuestro rumbo.
Pero parece que el fondo nos sigue esquivando porque niños han sido abusados en albergues por años y la desesperación por vacunarnos nos lleva a olvidar valores y principios que pensábamos eran fuertes pero que flaquean rápido con el contagio de algo tanto peor que el virus SARS Cov 2: la obsesión por la victoria del yo.
En medio de la crisis laboral más seria en reciente memoria sumado a sectores de la economía que aún no despiertan entramos en la batalla final por vacunarnos, esperanzados en salir adelante a pesar del desencanto que puede imperar, a pesar de haber tocado fondo ya varias veces en el último año.
Aferrarse a la esperanza que provoca el pacto del bicentenario Cerrando Brechas de la mano con las jornadas de vacunación que se aproximan inspiran fe en que retomaremos el sendero de crecimiento económico. Ese enfoque en solventar lo sanitario y lo económico es lo que nos debe guiar a medida que cambia la vegetación del parque anunciando la llegada del segundo año de emergencia nacional. ¿Habremos tocado al fin el último fondo?

