BARRERAS COMERCIALES

Una guerra comercial que amenaza a la economía

Una guerra comercial que amenaza a la economía
Una guerra comercial que amenaza a la economía

La tensión comercial entre Estados Unidos y China experimentó una nueva escalada luego de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, amenazara con castigar con aranceles todas las importaciones chinas y pusiera en entredicho la celebración de una ronda de negociaciones entre los dos países prevista para el mes de septiembre.

China contraatacó suspendiendo las importaciones agrícolas de Estados Unidos, mientras que el yuan cayó a su menor nivel respecto al dólar en una década, lo que provocó una nueva reacción del mandatario estadounidense, que acusó al Gobierno chino de manipular la moneda.

El presidente estadounidense se quejó a través de la red social Twitter de la fortaleza del dólar, lo que hace que las exportaciones de la potencia americana pierdan competitividad, y volvió a reclamar a la Reserva Federal una rebaja en los tipos de interés, esperando con esta acción que el dólar pierda valor frente a las monedas de sus principales socios comerciales.

La escalada de la tensión tiene un efecto potencial para el comercio de todo el mundo. Por eso el conflicto se sigue muy de cerca desde Ginebra, donde se encuentra la sede de la Organización Mundial del Comercio (OMC).

Keith Rockwell, director de la División de Información y Relaciones Externas de la organización, señaló que entre el segundo semestre de 2018 y el primero de este año, $820,000 millones de valor comercial se han visto afectados por restricciones entre los miembros del G-20, cifras que no incluyen la nueva amenaza de Trump.

“La incertidumbre llevó a compañías a reducir las inversiones en determinados proyectos hasta entender qué va a pasar. La inversión genera crecimiento. Si no se construyen fábricas, nuevos negocios, si no se crean trabajos, se van a ralentizar más las cosas”.


Keith Rockwell
Director de la División de Información y Relaciones Externas de la OMC.

Por este motivo, la OMC rebajó sus estimaciones de crecimiento del comercio mundial: la actividad creció 4.6% en 2017, 3% en 2018 -con una contracción de 0.3% en el último trimestre-, y para este año la organización proyecta un crecimiento de 2.6%, con mayores probabilidades de una revisión a la baja.

De manera paralela, el Fondo Monetario Internacional ha rebajado sus perspectivas de crecimiento económico mundial por el efecto de la guerra comercial. Rockwell explica que “la incertidumbre ha llevado a las compañías a reducir las inversiones en determinados proyectos hasta entender qué va a pasar. La inversión genera crecimiento. Si no se construyen fábricas, nuevos negocios, si no crean trabajos, se van a ralentizar más las cosas y se va a crear una mayor incertidumbre económica. Es un círculo terrible. Los banqueros centrales del Reino Unido, Estados Unidos o Japón dicen que miran la situación del comercio cuando toman decisiones sobre política monetaria. Esto no ha pasado durante décadas”.

Efecto local

Las consecuencias de la guerra comercial ya tienen su efecto en una economía abierta como la de Panamá, con un Canal por donde pasa el 6% del comercio mundial, y que tiene en la conexión entre China y Estados Unidos su principal ruta.

El administrador del Canal de Panamá, Jorge Luis Quijano, señaló recientemente que la guerra comercial haría que el Canal dejara de ingresar $30 millones este año, aunque esa falta de negocio se vería compensada por un aumento del tráfico de gas hacia Japón.

Rockwell dijo que “la tensión entre Estados Unidos y China está llevando a muchas compañías a examinar su cadena global de valor y que algunas han decidido mover su producción a México, lo que implicaría menos tráfico por el Canal de Panamá. Otras se mudan a Singapur o a países del sudeste asiático como Vietnam o Bangladesh. Todo es muy incierto, pero la gente en el Canal está en lo cierto de seguir esto muy de cerca, porque los patrones de comercio pueden cambiar, aunque hasta el momento nadie sabe”.

La guerra comercial es probablemente el aspecto más visible de lo que parece una tendencia que se extiende globalmente hacia el proteccionismo, tras varias décadas en las que el mundo se movía en un sentido contrario, hacia la globalización y el libre mercado.

El vocero de la OMC aprecia ciertas similitudes entre el momento actual y las décadas de 1920 y 1930, con un creciente nacionalismo y proteccionismo.

Tras la Segunda Guerra Mundial se creó el sistema multilateral de comercio, “de manera que la gente pudiera resolver sus diferencias de una manera transparente y predecible”, recordó Rockwell.

El futuro de ese mismo sistema está actualmente en entredicho por el escepticismo de Estados Unidos.

Uno de los pilares de la OMC es la resolución de disputas comerciales entre los miembros. Habitualmente, cuando un país presenta una reclamación contra otro, un grupo especial o panel lo analiza y emite un fallo, que puede ser elevado ante el Órgano de Apelación, que tiene potestad para ratificar, revocar o modificar la decisión del grupo especial.

Establecido en 1995, el órgano contaba con siete miembros, que van rotando. Desde 2017, Estados Unidos ha bloqueado el nombramiento de nuevos integrantes del Órgano de Apelación y actualmente quedan tres.

El término de uno de ellos vence en diciembre, y si no se resuelve el bloqueo antes, el órgano no podrá operar con solo dos integrantes. Aunque existe una propuesta para crear un sistema alternativo de resolución de disputas, tampoco se ha concretado.

Este es uno de los temas que se podrían abordar en la próxima Conferencia Ministerial, el órgano de adopción de decisiones más importante de la OMC, que se celebrará en 2020 en Nursultán, capital de Kazajistán.

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