OPINIÓN
Hay un espectro que ronda el mundo del emprendimiento y la innovación,
y es el miedo a que nos roben nuestras ideas.
Este miedo nos lleva a actuar con secretismo, para guardar nuestra idea como si fuera un tesoro. Robar una idea es imposible. No hay hipnosis ni pócima del olvido que pueda permitirle a alguien
llevarse nuestra idea y dejarnos sin ella.
Copiar una idea, en cambio, es completamente posible. Sin embargo, hay dos cosas que jamás se pueden ni copiar ni replicar: tu intención – el propósito mayor que te lleva a actuar y a emprender- y tu atención –a los detalles y a las personas-.
Nadie puede falsificar ni tu pasión ni tu perseverancia.
No debemos temerle a compartir nuestras ideas de negocio, pero hablar
acerca de ellas no es la mejor práctica, no porque nos vayan a robar el mandado, sino porque hablar del ideal de un proyecto, antes que de nuestras acciones, edifica el muro de la resistencia social.
Esta resistencia tiene varios rostros.
Se presenta en la forma de comentarios negativos o desalentadores de parte de nuestros familiares, amigos, o conocidos a los que les compartimos nuestras visión y los negocios en mente. De muchas maneras, la resistencia social es una resistencia al cambio, no como comúnmente se conoce en el ámbito organizacional, pero sí es una resistencia a cambiar la manera en la cual se hacen las cosas.
En nuestros jóvenes países latinoamericanos, las líneas de lo que se supone
que debemos hacer (con nuestras vidas) están tan marcadas que cada vez que alguien se sale de la norma, socialmente se ejerce una presión en el individuo.
La resistencia social son todos aquellos comentarios de: “Estás loco! Eso jamás dará resultado”! Pero por otro lado, las redes sociales están inundadas de frases motivacionales que nos urgen a cumplir nuestros sueños. Es casi como si ese mar de inspiración surgió en línea para contrarrestar el tsunami de disuasión en el mundo real.
Aunque una de las bases de los ecosistemas saludables de emprendimiento es tener una sociedad abierta al cambio y tolerante al fracaso, los aspirantes a emprendedores no pueden esperar a esta evolución cultural como esperamos por las películas que siempre llegan meses más tarde a las salas de cine en la localidad. Debemos entender la resistencia social para vencerla y no darle lugar en nuestro camino al emprendimiento.
En ese andar hay dos movimientos que pueden marcar el buen rumbo de nuestras ideas:
1. Ten claro qué estás buscando cuando compartes tu idea de negocios.
¿Estás buscando validación, críticas constructivas, o sólo buscas a alguien que te escuche?
Dependiendo de lo que buscas/necesitas, debes determinar a quién le compartirás tu idea de negocios. Si buscas validación del mercado, mejor que cualquier conocido, el sujeto ideal sería un potencial cliente. Si buscas críticas constructivas, el sujeto ideal sería alguien que actualmente trabaja o invierte en la industria.
La resistencia social muchas veces surge de las personas más cercanas. Realmente nuestros familiares o amigos sólo son los sujetos ideales cuando sólo buscamos que alguien nos escuche.
2. Reemplaza el deseo de hablar de tu idea por la misión de poner a prueba tu prototipo.
No existen ideas de un millón de dólares, pero sí negocios de un millón de
dólares.
Y la única manera de llegar a tener un negocio exitoso, es empezándolo y construyéndolo. La manera más eficiente de mejorar no es mejorar nuestras ideas, sino corregir nuestros prototipos. Un comentario acerca de una idea sólo puede
darnos luces acerca de nuestra visión abstracta, pero un comentario acerca de un prototipo puede señalar una falla que puede ser corregida de forma certera. La meta es reemplazar el deseo de hablar de lo que se quiere hacer, para conversar de lo que se ha hecho.
No pongamos a pruebas nuestras ideas, pongamos a prueba nuestros prototipos. La única manera de saber si una idea dará resultado, es ejecutándola.
#ArrancaYa

