Mantener la deuda pública controlada es necesario ya que, de lo contrario, el país se va convirtiendo en un zombi sin rumbo fijo. Así tengamos todo el acceso a los mercados y a excelentes tasas, si emitimos más deuda se pagan mas intereses, lo que requiere destinar flujo del presupuesto del Estado para pagar intereses. Flujo que se necesita para desarrollar el país invirtiendo en mayor educación, salud, tecnología para aumentar la productividad, mejorando la calidad de vida de todos.
La teoría habla de que hay un cierto nivel de endeudamiento sobre el producto interno bruto (PIB) que, de rebasarse, hace que un país se vuelva improductivo, donde todo lo que genere se va para cargar con el servicio de la deuda. Ese límite varía según las condiciones de cada país, pero el consenso pareciera ser alrededor de un 90% para países similares al nuestro, cifra que prepandemia se veía lejos, pero que ahora cada vez parece más cerca.
Por otro lado, los países están acostumbrados a financiar sus déficits con más deuda. En los últimos años ha habido exceso de liquidez a nivel global, que ha permitido a Panamá acceder a los mercados para refinanciar la deuda fácilmente a tasas bajas y largos plazos. Pero las economías son cíclicas y, aunque no se vislumbra por ahora, en algún momento las tasas subirán y quién sabe qué tasa tengamos que pagar la próxima vez que tengamos que refinanciarlos. Porque una cosa es endeudarse cuando el país lo cree conveniente, y otra es que le toca emitir porque es la única manera de financiar el gasto o repagar algún vencimiento de préstamo.
Debido a la pandemia hemos tenido que recurrir a más deuda para cubrir el déficit y si no ajustamos el gasto o aumentamos los ingresos, lo más probable es que pronto estemos recurriendo de nuevo a los mercados internacionales. Esa deuda se puede volver insostenible y en algún momento se tendrá que repagar. Apenas logremos salir de la pandemia, uno de los principales objetivos económicos del país debe ser el de volver la deuda sostenible y dejar atrás la dependencia en tener que recurrir a financiamientos extraordinarios para no convertirnos en un zombi.
El autor es financista
