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COSTO DE LA VIDA

Supermercados en Caracas son ahora ‘pueblos fantasma’

La Covid-19 ha empujado la pobreza más allá de los niveles de 2019, cuando alrededor de 9.3 millones de venezolanos no tenían suficiente para comer.

Supermercados en Caracas son ahora ‘pueblos fantasma’
La escasez de diésel significa que la producción de alimentos en la región andina ha caído un 85% este año, porque los camiones deben pagar el combustible en el mercado negro.Bloomberg

Venezuela, un país que atraviesa lo que se considera la peor crisis humanitaria del hemisferio occidental, ahora enfrenta un tormento de otra magnitud: los mercados de alimentos de Caracas se están convirtiendo en pueblos fantasma.

En Guaicaipuro, cerca del centro de la ciudad, los largos pasillos de puestos se extienden interminablemente, casi sin compradores a la vista. En Quinta Crespo, los vendedores de comida llaman la atención de manera desesperada, gritando cada vez que alguien pasa.

En el mercado de San Martín, al occidente de la ciudad, algunos puestos están cerrados, mientras que otros tienen tan poca comida que bien hubieran podido cerrar. Algunos tienen buenos suministros, pero los precios son tan altos que los posibles clientes simplemente pasarían de largo. Hay tan poca actividad que algunos vendedores ambulantes ni siquiera se inmutan, simplemente permanecen sentados jugando en sus teléfonos, sin expectativa alguna para el día.

Aunque pareciera que la economía de Venezuela finalmente podría haber tocado fondo, las señales de recuperación se comienzan a evidenciar después de décadas de una creciente brecha entre ricos y pobres que deja a millones en el país en vulnerabilidad extrema. Los mercados vacíos de Caracas son uno de los impactantes ejemplos de dicha brecha, por un acceso a alimentos frescos y asequibles cada vez más reducido.

Hay muchas causas tras la desenfrenada inflación en los precios de los alimentos en el país, pero el problema más grave ahora es la escasez de combustible que ha intensificado los problemas.

En Venezuela, país con las mayores reservas de petróleo, la escasez de combustible es tan aguda que ha paralizado la economía, forzando el cierre de fábricas y a la gente a hacer fila durante horas para llenar sus tanques. El endurecimiento de las sanciones de Estados Unidos asfixió los suministros que llegan del exterior, y ahora la falta de diésel afecta casi todos los aspectos de la cadena de suministro de alimentos.

Los agricultores no tienen suficiente combustible para usar la maquinaria que necesitan para plantar y cuidar los cultivos. Lo poco que se cultiva en la región andina occidental, el corazón de la producción, tiene que ser transportado en camiones unas 12 horas o más hasta la capital.

El combustible es tan caro que los costos de transporte por sí solos elevan el precio de las verduras en un 200%, dijo Gerson Pabón, director de Fedeagro, una gran asociación de productores de alimentos.


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