La producción de alimentos en América Latina y el Caribe debe ser replanteada. Su transformación hacia un sistema más productivo y a la vez más sostenible, resultará crucial para enfrentar dos grandes problemas globales: la malnutrición y el cambio climático.
Hoy son más de 820 millones de personas en condición de hambre en el mundo. A ello se une la creciente inseguridad alimentaria, que afecta actualmente en un nivel “moderado” a un quinto de la población mundial.
El escenario supone un enorme reto dada además la rápida expansión demográfica. Para el año 2050 la población mundial aumentará a más de 9 mil millones de personas, con lo que se calcula un incremento del 50% en la demanda de alimentos. Esta realidad nos obliga a pensar en una estrategia para elevar la producción en nuestra región, que juega un papel central en la seguridad alimentaria global.
El desafío es doble, porque al mismo tiempo la agricultura debe hacerse cargo de cuidar la salud del planeta, incluyendo una significativa reducción de las emisiones de los gases de efecto invernadero (GEI) que causan el cambio climático.
América Latina y el Caribe puede disminuir sus emisiones de GEI relacionados con la agricultura, pero se necesitan cambios tecnológicos e institucionales, orientados a desacoplar las emisiones de la producción, es decir, emitir mucho menos por cada unidad de producto. La región está en camino para lograr este desafío; entre 1990 y 2015 cinco países (Colombia, Costa Rica, El Salvador, Jamaica y Surinam) aumentaron su producción agrícola al tiempo que disminuyeron sus emisiones totales de GEI. En otros 19 países, si bien aumentaron las emisiones, bajó la relación entre producción y emisiones.
Nuestra región es una de las pocas que aún cuenta con espacio importante para aumentar su oferta alimentaria. El 28% de las tierras disponibles con potencial mediano a alto para la producción agrícola sostenible en el mundo, están en América Latina y el Caribe.
Además, la región cuenta con cerca de un tercio de los recursos de agua dulce del mundo. Con esta combinación, no resulta difícil anticipar que América Latina y el Caribe jugará un rol aún más importante como proveedor mundial de alimentos, pero se necesita implementar cambios en las técnicas de producción.
El autor es subdirector general y representante regional de la FAO para América Latina y el Caribe
