Todo el día una línea y otra línea,un escuadrón de plumas,un navíopalpitaba en el aire,atravesabael pequeño infinitode la ventana desde donde busco,interrogo, trabajo, acecho, aguardo.
Neruda (Migraciones)
Hay de todo en este Valle de Marcas. Así, entre la diversidad de seres humanos que conviven en la ciudad también están quienes alimentan a las aves del cielo: esos ciudadanos y ciudadanas que además de alimentarse a sí mismos y a quienes tienen bajo su responsabilidad, sacan un tiempo para colocar en algún recipiente o directamente sobre el patio o el jardín, un guineo, unas migas de pan o un poquito de alpiste para dar de comer a las aves.
Confieso pertenecer a ese grupo humano. Tenemos en casa un comedero y disfrutamos mucho viendo las aves llegar. Y ellas nos conocen y nos pasan la voz cuando tienen hambre y no las hemos atendido.
Sé bien que hay personas que me entenderán: para ellas estas líneas son un guiño de amistad cómplice. Y no todas son la respetable abuelita que cuida además de sus flores. Conozco adultos y jóvenes; estudiantes de biología, de comercio y de matemáticas; empleados, desempleados y jubilados; músicos y sordos; solitarios y gregarios.
¿Y qué los mueve a alimentar a las aves? Quién sabe. Las ganas de que ellas estén más cerca para poder apreciarlas mejor, la simple curiosidad o la conmiseración hacia criaturas débiles. A lo mejor, sencillamente, porque da satisfacción compartir con otras especies, y ya.
En estos meses de fin de año hay escasez de alimento en la naturaleza. En la montaña las frutas y la comida en general disminuye y es interesante que lo mismo sucede en la mera ciudad.
En esta época los azulejos, sangre de toro, chorotecas y demás, acuden como nunca a comer de lo que se les ofrece en los comederos.
¿Cómo preparar un comedero? Entre más sencillo y práctico será mejor. No hay un modelo único y tampoco hay que comprarlos importados y caros en supermercados o tiendas de mascotas.
En casa utilizamos una estructura simple de "alambre de jaula", con los bordes doblados y un palito en uno de los lados para que las aves se posen con comodidad (vea las fotografías).
Lo colgamos del alero de la casa de tal forma que si algún resto cae sea sobre el jardín abajo. Por supuesto, lo mejor será escoger un lugar visible para disfrutar del espectáculo, teniendo en cuenta también no facilitar el ataque de los gatos.
Colocando ahí un guineo, una naranja partida, papaya u otra fruta, de seguro vendrán las aves más comunes como los azulejos, palmeros y chorotecas. Hasta algún pájaro carpintero, a quienes un poco de fruta no cae mal.
Mientras más cerca tengamos áreas arboladas, mayores probabilidades habrá de recibir visitantes especiales como los "verdones" o mieleros de patas rojas (de quienes conozco que llegan a comederos en barrios como La Cresta y Vía Argentina). Y hasta los pericos —que no son escasos en la ciudad pero sí muy cautelosos—, puede que se animen a bajar de los altos cielos.
Para los que comen semillas, como los arroceritos o las tierreritas, un poco de alpiste o de alimento preparado para pollitos, será una grata invitación para venir a comer.


