Entre 1991 y 2009, la sección teatro del concurso nacional de literatura Ricardo Miró ha sido declarada desierta en cuatro ocasiones: 1991, 1997, 2003 y 2009.

Una cantidad considerable si se toma en cuenta que en ese mismo período de tiempo, se determinaron una sola vez desiertos los apartes de novela (2003) y cuento (2007), y no le ha pasado a la poesía ni al ensayo.

“He sido jurado del Miró y hay una presión muy fuerte para que no se declare desierto: las razones son económicas. Es un premio bien dotado (15 mil dólares por cada categoría) y la plata no se puede perder”, explica Alondra Badano, que ha ganado el Ricardo Miró en teatro por Jugada partida (1999) y Babilonia Way of Life (2004).

Badano no está de acuerdo con este criterio. “Las razones deben ser las de la calidad, y hay que saber que se pierde mucho más premiando mediocridades; porque no se pierde en dinero, se pierde el norte: ¿adónde queremos llegar con nuestra literatura?”

Badano, actriz y docente, agrega que las veces que ha premiado obras en Panamá fue cuando “medité sobre la posible puesta en escena, pero literariamente hablando, lo que se premia aquí raramente interesa a grupos extranjeros”.

Norman Douglas, el director que más piezas nacionales ha puesto sobre los escenarios patrios, ha sido jurado en tres ocasiones del Ricardo Miró, “y no he visto ningún avance desde la primera vez, al día de hoy”.