El alcalde de Múnich, Dieter Reiter, abrió con los tradicionales mazazos a un barril de cerveza la popular Oktoberfest, la fiesta cervecera para la que la capital bávara espera recibir a más de 6 millones de visitantes.
A Reiter le bastaron dos mazazos al grifo cervecero -el año pasado, su primero en el cargo, precisó cuatro- para abrir el flujo cervecero y poder lanzar el ritual grito de Ozapft is -traducible por “está abierto”-.
Con eso se dio por inaugurada ayer la 182 edición de la más multitudinaria e internacional fiesta de la cerveza del mundo.
Este año, Múnich recibirá el habitual alud de visitantes aún bajo el impacto de la situación vivida en las semanas anteriores, en que la estación ferroviaria de la capital bávara quedó colapsada por las oleadas de refugiados.
La imagen festiva del alcalde en la inauguración de la Oktoberfest contrasta con las llamadas de advertencia del mismo Reiter, hace una semana, en que avisaba que la capacidad para la acogida de refugiados de Múnich se había agotado y que no quedaban más camas de campaña para darles una atención digna.
Múnich espera, entre hoy y el 4 de octubre, en que cerrará sus puertas, a los millones de visitantes de todo el mundo -seis y medio, en 2014- que anualmente acuden a la capital bávara atraídos por la popular fiesta.
Se estima que, hasta su cierre, se habrán consumido 7 millones de litros de cerveza, aunque este año la Ma, tradicional jarra de litro, costará 11.75 dólares, un máximo histórico y casi el doble de los 5.90 dólares que valía en 1995.

