A sus 72 años, la chilena Isabel Allende está“en el umbral de otra etapa espiritual, emocional y física”. Se acaba de separar de su segundo marido, el abogado William Gordon, pero esa “terrible pérdida” no le impide ver con ilusión la publicación de El amante japonés, una novela sobre el amor, la vejez y la muerte.
La escritora tiene millones de lectores en el mundo, y su nueva obra, que Plaza & Janés publica en España y en Latinoamérica, no los defraudará: pasado y presente se funden en la potente y entrañable historia que narra en ella y en la que reivindica el amor como “principal motor de la vida”. Y no rechaza “la opción” de la eutanasia.
“Quienes se oponen a ella por razones religiosas o de otra índole no tienen que hacerlo; como en el caso del aborto, es solo una opción. Al legalizar la eutanasia se toman las medidas necesarias para que no se abuse de ella”, afirma.
“Morir suavemente, con dignidad, es un privilegio, un regalo del cielo que todos desearíamos. Hilda Arenas, una mujer maravillosa, que fue la abuela adoptiva de mis hijos, sintió que no valía la pena seguir viviendo después de los 80 años, aunque estaba completamente sana, y dejó de comer. Murió en dos meses tranquilamente, sin dolor ni miedo, porque su familia comprendió su decisión y no la internaron en un hospital intubada para alimentarla artificialmente”.
“La medicina moderna intenta mantener viva a la gente a toda costa, aunque sea con atroz sufrimiento. ¿Para qué? ¿No sería más humano ayudar a morir?”, se pregunta esta narradora.

