Cada quien tiene una ilusión que lo mantiene vivo. Cada cual tiene una o varias razones para seguir adelante.
El arte, crearlo y compartirlo es uno de estos tantos motivos para no detener la marcha, como lo demostraron el viernes y el sábado los responsables de Mi sueño.
Este espectáculo estuvo a cargo del Grupo de Artistas Discapacitados de China y tuvo como escenario la sala Ríos Reyna del mítico teatro Teresa Carreño, de la ciudad de Caracas, capital de Venezuela.
Este colectivo, que lleva un mensaje de belleza e igualdad a todos los confines del planeta, ha sido distinguido por la Asociación Mundial de Personas con Discapacidad como Embajador de los Discapacitados y Portador de la Antorcha del Arte Especial, y la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) lo reconoció como Artista por la Paz.
El montaje Mi sueño, que se presentó en el país sureño como parte de la celebración del Año Nuevo chino, une el arte con lo espiritual, hace también una amalgama entre la danza, la música y el teatro, y además, fusiona a Occidente con Oriente.
Por eso, la Embajada de China en Venezuela decidió compartir esta experiencia para todos los sentidos, en el marco del Año Nuevo chino del Mono.
De allí que Mi sueño vaya del moderno pop a las ancestrales danzas étnicas chinas, pasando por sonidos con sabor latino como la rumba y el chachachá, más algo de danza moderna y recursos del ballet.
Como si fuera poco, el ejercicio de unir fuerzas creativas de todas partes del mundo cuando el Grupo de Artistas Discapacitados de China arma sus propuestas escénicas convoca a la ópera de Pekín, el musical heredado de Broadway y la poesía hecha movimiento.
Cada año, sus 110 miembros ofrecen 150 espectáculos y se presentan en poco más de 10 países.
Desde su fundación en el 2087, su arte lo han llevado a más de 90 países de los 5 continentes, demostrando que sus bellas historias llegan al corazón y el alma de los espectadores más allá de idiomas y nacionalidades.














