RAíCES

RAÍCES: Escenario mundial del nacionalismo panameño

RAÍCES: Escenario mundial del nacionalismo panameño
Noviembre de 1959. Protesta antiyanki.

La Guerra Fría se instaló con comodidad en agosto de 1949, después de que Moscú hizo estallar su primera bomba atómica, poniéndole fin al predominio militar exclusivo de Estados Unidos. Bipolaridad, contención, espionaje, propaganda, demagogia, enfrentamientos de bajo, mediano y alto impacto caracterizaron el nuevo escenario que surgió de las cenizas de la guerra mundial. Las reuniones de Yalta y de Bretton Woods marcaron la dirección del mundo de la postguerra en lo político y lo económico, respectivamente, en tanto que ambos bloques de poder se enfrascaron en una lucha silenciosa por el dominio de la ciencia y la tecnología.

El extraordinario desarrollo de la física nuclear, la física cuántica, la biotecnología y la manipulación genética fueron, sin lugar a dudas, el resultado de las investigaciones llevadas a cabo en los complejos científicos organizados tanto por la Unión Soviética como por Estados Unidos, donde también se libraron otras guerras silenciosas: como el reclutamiento de los cerebros más brillantes del mundo y el espionaje científico. De la mano del avance de la ciencia llegó la transformación del mundo: explosión demográfica, explotación de los combustibles fósiles, carrera espacial, crecimiento urbano, crecimiento del comercio mundial, destrucción del medio ambiente, desplazamientos de población y, finalmente, la revolución de las comunicaciones tecnológicas ya en la década de los años de 1980.

Mientras el occidente industrializado y primer mundista aseguraba el estado de bienestar, combinando la economía de mercados con la intervención estatal, en una fórmula que demostró ser muy exitosa para los tiempos que corrían, Latinoamérica, de la mano de la Cepal, adoptó la política de Industrialización Sustitutiva de Importaciones (ISI) que protegía a las industrias nacionales.

El fin de la guerra marcó también el inicio del proceso de descolonización del sudeste asiático y de África, mientras se desarrollaban formas más sutiles de colonialismo con la conquista de áreas de influencia y control por parte de la URSS y de Estados Unidos. Entre 1951 y 1953, la guerra se calentó en Corea por el control del sudeste asiático. Dos años más tarde, en 1955, la Conferencia de Bandung, considerada por muchos como el antecedente del Movimiento de Países No Alineados, convirtió al gobernante egipcio Gamal Abdel Nasser en un líder mundial y lo animó a nacionalizar el canal de Suez al año siguiente. La medida tomó por sorpresa a Occidente que la interpretó como un nuevo zarpazo de Moscú, en medio del ya enrarecido panorama creado por la guerra espacial entre Estados Unidos y la Unión Soviética, y por la cruenta independencia de Argelia. Como si fuera poco, en 1959, en Cuba, a escasos 180 kilómetros de las costas de la Florida, el joven guerrillero nacionalista Fidel Castro lograba derrocar al dictador impuesto por Washington, al tiempo que se alineaba con la URSS.

La década de 1950 preparó el terreno para las revoluciones culturales y los movimientos antisistémicos de 1960, después de los cuales los mecanismos esenciales de reproducción de la cultura -familia, escuela y medios de comunicación-, sufrieron importantes transformaciones. El movimiento contra la cultura hippy, muy activo en su rechazo a la guerra de Vietnam, llevó la delantera en este sentido, seguido de la revolución cultural china en 1966, las ocupaciones de las universidades de Columbia en Nueva York y Berkeley en California, el movimiento estudiantil de mayo de 1968 en París, la masacre de Tlatelolco en México, así como los disturbios en la Universidad de Córdoba, la primavera de Praga, el movimiento de los derechos civiles en Estados Unidos, una renovada manifestación del movimiento feminista, el estructuralismo, el ingreso del realismo mágico latinoamericano en el mundo intelectual, los movimientos gais y hasta el descubrimiento de la píldora anticonceptiva que abrió la puerta a la revolución sexual. Estos movimientos antisistémicos fueron la expresión de una juventud en busca de su propia identidad.

Lentamente el mundo se preparaba para la posmodernidad. Entre tanto, el descubrimiento de las atrocidades cometidas por los nazis en nombre de la pureza racial condujo al mundo a colocar el problema étnico en el primer punto de la agenda, al tiempo que los gobiernos panameños también rediseñaban sus estrategias de inclusión, sobre todo en relación con los antillanos.

Simultáneamente, los incipientes grupos nacionalistas y estudiantiles, fuertemente impresionados por los procesos de descolonización de África y Asia, se aprestaban para reclamar a Estados Unidos el enclave neocolonial canalero, en tanto que los intelectuales del cincuentenario intentaban definir la huidiza identidad panameña.

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