En la casa romana del escritor Alberto Moravia, austera y pragmática como su literatura, se conservan las huellas de sus viajes, su pasión por el cine y sus amigos, y su Olivetti 82, la máquina con la que escribió obras maestras aún tan actuales cuando se cumplen 25 años de su muerte.
Una casa con unas maravillosas vistas sobre el río Tíber en la que Moravia permaneció desde 1962 hasta su muerte, en 1990, y en la que convivió con las dos mujeres con las que estuvo casado, ambas escritoras, Elsa Morante y la española Carmen Llera.
Sencilla, está invadida por más de 12.000 libros con los que el literato quiso entender la guerra, conocer el mundo y profundizar en la pintura, la literatura, el cine y la arquitectura, un lugar que permite conocer mejor la intimidad del escritor y que está abierto a visitas, pero solo el primer sábado de cada mes y previa cita.
Fueron los libros su refugio durante su infancia y hasta los 30 años, un joven enfermo de tuberculosis que permaneció en la cama con el único entretenimiento en la literatura, donde más tarde logró el prestigio internacional. Ellos conservan los secretos más preciados del periodista y político.
