MÉXICO

‘La arquitectura no es inocente’

La Casa O’Gorman mantiene vigente la pregunta que hacía reflexionar a su creador: ¿No es acaso la arquitectura un problema de todos los hombres?

‘La arquitectura no es inocente’
La historia de la casa era poco conocida y por eso los tres mexicanos detrás de ‘Casa Manifiesto’ decidieron contarla a través

Decían que el diablo habitaba esta casa, a solo unos pasos del estudio de Diego Rivera y Frida Kahlo en la Ciudad de México. Exenta de ornamentos y materiales de construcción usados a principios del siglo XX, sus dos pisos de vidrio, metal y concreto provocaban desprecio entre los vecinos.

Frente a la valla de cactáceas que aún la rodean no parecía una casa, sino el esqueleto de un cubo: al dejar sus columnas y tuberías expuestas a la vista era como si Juan O’Gorman, el arquitecto mexicano que la construyó entre 1929 y 1931, la hubiera concebido desnuda para manifestar que la belleza de sus partes residía en su sencillez.

La casa está a espaldas del Museo Casa Estudio de Rivera y Kahlo, otra obra de O’Gorman con frecuencia visitada por turistas y locales. Por años fue propiedad de un particular, estaba deteriorada y tenía poca visibilidad. No fue sino hasta 2012, tras ser adquirida y restaurada por el gobierno, que abrió sus puertas para permitir su reinterpretación.

Ahora, por primera vez, tres arquitectos mexicanos explican las ideas detrás de su estructura con una exposición que estará abierta hasta finales de octubre. “Casa Manifiesto”, la exhibición de Lucía Villers, Juan José Kochen y Alberto Odériz, nació de una investigación cuya finalidad era indagar en los orígenes del movimiento moderno en México y los argumentos que fundamentaron los proyectos arquitectónicos de aquella corriente.

“Nuestro eslogan es ‘La arquitectura no es inocente’ porque aquí nada es fortuito; hay un contenido ideológico detrás de cada forma”, dice Villers sobre la muestra.

La casa se visita con un mapa en la mano, que repara en ventanas, muros, macetas y focos. Todos los objetos tienen una etiqueta que profundiza en su significado y corresponde a una de las ocho categorías que –según Villers, Koche y Odériz– identifican a la arquitectura moderna. “Esta arquitectura buscaba hacer una sociedad; era la búsqueda de lograr un cambio total”, dice Villers.

La casa se ubica en San Ángel, un barrio sureño de la capital mexicana donde proliferan mansiones con bardas de piedra, herrería artesanal y otros elementos de estilo neoclásico. La obra de O’Gorman, en cambio, parece un edificio en carne viva: tres columnas delgadísimas emergen del suelo y para revestirla no hay columnas dóricas, aplanados rugosos ni escaleras con barandales. Para O’Gorman la decoración era un disfraz innecesario.

“La vivienda para el mínimo nivel de vida”, reflexionaba el arquitecto, y por eso no cimentó una casa sino una ideología.

La casa que O’Gorman construyó cuando apenas tenía 24 años materializa las ideas de Le Corbusier, el teórico moderno y arquitecto francosuizo cuya obra es considerada patrimonio de la humanidad por la Unesco. Según estableció, la revolución industrial reclamaba la muerte de la artesanía para dar paso a lo racional. Las viviendas, en consecuencia, debían transformarse en objetos meramente útiles cuyas piezas pudieran prefabricarse para facilitar su construcción. Las casas, decía Le Corbusier, debían ser “máquinas para habitar”.

Para aterrizar estos conceptos y edificar la que se considera la primera muestra de arquitectura funcionalista en México, O’Gorman usó su casa como un laboratorio para experimentar. Ignoró el bronce, mármol y los cristales biselados para inclinarse por la losa sin labrar, trabes y apagadores que exhiben su cableado.

Trazó habitaciones de uno por dos, porque para dormir solo se necesita una cama. Montó clósets empotrados, porque los muebles son caros, estorban y requieren limpieza. Y para el estudio diseñó ventanales que se abren y cierran como un biombo para crear un vínculo entre el interior y el exterior.

Algunos dicen que O’Gorman le ofreció la casa a su padre, pero este la rechazó. Cuando trató de rentarla, los inquilinos potenciales la encontraron siniestra y desagradable, por lo que pasaron años antes de que alguien aceptara ocuparla. Más tarde, un vecino mandó tallar unas nalgas de piedra en su fachada, con vista a la construcción, para expresar abiertamente su desdén.

La vivienda como discurso, no obstante, sí sedujo a Diego Rivera, quien transmitía pronunciamientos sociales a través de sus murales. Solo después de ver la casa de O’Gorman aceptó que el hogar que compartiría con Frida Kahlo fuera construido bajo los mismos principios.


Última Hora

  • 05:05 Sabrina Sin Censura: Si viviéramos en Suiza Leer más
  • 05:04 A pocos días del plazo, solo 4 mil asegurados han decidido sobre su sistema de pensiones Leer más
  • 05:03 El presupuesto 2027 incluye $37 millones para promoción y publicidad estatal Leer más
  • 05:03 Damaris Young: ‘La dirigencia está de paso, pero tiene la obligación de fortalecer el deporte’ Leer más
  • 05:02 Prima de antigüedad: igualdad, poder y privilegios Leer más
  • 05:01 Exfuncionario de la Alcaldía golpeado por la Policía Municipal lleva ocho días hospitalizado  Leer más
  • 05:01 Trump reduce a 11 vacunas infantiles en EUA; Panamá mantiene su esquema Leer más
  • 05:01 Tal cual Leer más
  • 05:01 Qué es el Cinturón de Fuego del Pacífico en el que se encuentra Colombia Leer más
  • 05:00 Erika Ender celebra el segundo lugar de Karol Wilson: ‘Hiciste una representación preciosa de Panamá’ Leer más