En el infierno de Mauthausen una biblioteca clandestina permitió soñar con la libertad y ayudó a resistir la brutal realidad de ese campo de concentración nazi en el que murieron alrededor de 100 mil personas.
Un breve apunte sobre esa biblioteca se recoge en el libro del historiador estadounidense David W. Pike titulado Españoles en el Holocausto, y en algunas referencias en alemán se cita como su promotor al prisionero catalán Joan Tarragó.
“El libro era un símbolo de libertad, una manera de escaparse del infierno”, explica desde París su hijo, Llibert Tarragó, de 67 años y que ha indagado en la historia de esa biblioteca clandestina.
Llibert Tarragó, periodista, escritor y fundador de la editorial Tinta Blava, que publica en francés literatura catalana, relata que su padre le transmitió el amor por la cultura.
Además del testimonio de su padre, que murió en 1979, ha podido hablar con otros supervivientes que, asegura, le transmitieron lo importante que fue lograr un pequeño espacio de libertad con la lectura en medio del horror más absoluto.
Un superviviente francés le relató que había sido “un salvavidas” leer La Cartuja de Parma, de Stendhal, en Mauthausen, de cuya liberación se conmemoran el domingo 70 años.
“Me explicó con emoción que eso fue para él un alivio fantástico”, recuerda Tarragó, fundador en 2003 en Francia de la asociación Triángulo Azul, que ha reunido documentos sobre la deportación española.
