Tamara Del Moral • tdelmoral@prensa.com
Una mujer en Berlín es un testimonio de guerra. La autora, una periodista de 34 años, narra con detalles los acontecimientos ocurridos entre el 20 de abril y el 22 de junio de 1945 tras la ofensiva soviética en esa ciudad. Los bombardeos, sonidos y aromas. Los enfrentamientos en las calles. El suicidio de Adolfo Hitler. La rendición de los últimos bolsones de resistencia alemana y la ocupación de la ciudad por el Ejército rojo.
En tres cuadernos, esta mujer que trabajaba en una editorial que había cerrado por la guerra, llevó un diario de lo que vivían aquellos que, como ella, se escondían en buhardillas habilitadas como refugios. Los silencios y el retumbar de las armas. El estremecimiento de las edificaciones. La incertidumbre y la incomodidad. La convivencia con otros y la solidaridad. Los rumores ante la falta de noticias. El hambre y el racionamiento de víveres, que se conseguían con cupones. “Las papas no sirven ni para destilar y saben a cartón”, escribía. Los problemas de salud, saqueos, la escasez y la ruina. “No hay más agua en los grifos. No hay electricidad ni gas. Solo rusos”.
El 14 de junio de 1945, la autora describe su alegría por haber conseguido su ración de grasa después de 20 días: 140 gramos de aceite de girasol. “Ahora mi apartamento huele como una stolovaya moscovita, una de esas cafeterías para gente común”.
Uno de los aspectos polémicos que narra es el de las violaciones a las mujeres de cualquier edad por parte de los soviéticos (un refugio antiaéreo se disfrazaba como hospital de cuarentena donde en realidad se escondían jovencitas de los edificios cercanos para preservar su virginidad). Algunas mujeres, resignadas y pasando necesidad, establecían acuerdos de protección con los soldados soviéticos a cambio de favores sexuales. “Más vale un ruso en la barriga que un americano en la cabeza”, decían las berlinesas en ese tiempo.
“No hay duda al respecto. Debo encontrar un lobo solitario para mantener a la manada alejada. Un oficial, del mayor rango posible, un comandante, general, lo que sea que pueda manejar. Después de todo, ¿para qué tengo cerebro y mi poco conocimiento del idioma del enemigo?”, reflexionaba la autora.
Su diario fue publicado anónimamente en 1954 en Estados Unidos, y al año siguiente en Inglaterra. Una versión en alemán salió cinco años después en Ginebra y causó controversia por las violaciones, tema tabú del que no se hablaba. Incluso se dudó de la autenticidad de los hechos. Un periodista le atribuyó la autoría a Marta Hiller, quien no quiso que se reeditara el libro mientras ella viviera. Tras su muerte en 2001, se publicó una nueva edición en Alemania en 2003.
El historiador británico Antony Beevor en la introducción considera que Una mujer en Berlín es un diario de guerra como ningún otro. “Es la mirada de una víctima, la perspectiva de una mujer inmersa en una arremetida aterradora contra la población civil. Su relato se caracteriza por su coraje, su honestidad intelectual y sus poderes de observación y percepción poco comunes”.

