El lado humano de una tragedia

‘A la deriva’ es el primer largometraje del director panameño Miguel I. González, y se proyectará el 10 y 13 de abril en el IFF Panamá.

El lado humano de una tragedia
González estudió producción de cine en Cuba.LA

Cuando el director y productor cinematográfico Miguel I. González estaba investigando la cadena de sucesos que desencadenaron el envenenamiento masivo por dietilenglicol en la Caja de Seguro Social en 2006 con el objetivo de armar un documental, se encontró de frente con un elemento más poderoso: el giro que habían dado las vidas de los afectados que sobrevivieron a la tragedia.

Cuenta González que mientras preguntaba aquí y allá por el caso, tenía en mente usar dentro de la película unos dos o tres testimonios. Conocía a varias afectadas, las contactó y sus relatos pasaron por encima de lo que había imaginado. “La realidad supera a la ficción”, apunta.

Entonces, González decidió reenfocar su documental desde la perspectiva de las víctimas, el lado humano del suceso.

“No es que no me interese la parte judicial, pero pensé que los medios de comunicación ya habían abordado bastante esa parte y no tanto el lado humano y el devenir de los afectados”, sustenta el director.

Fue así como se establecieron las bases para A la deriva, un documental que se presenta hoy 10 de abril y este 13 de abril en Cinépolis de Multiplaza, en el marco del Festival Internacional de Cine (IFF Panamá) y que comparte el día a día de Briseida de Trejos, Iris Barrera y Milagros Rey, tras haber ingerido en 2006 fármacos alterados por el dietilenglicol.

Son solo mujeres las protagonistas del documental porque, explica González, en su investigación se encontró con una particularidad: la gran mayoría de los casos que fue conociendo eran de mujeres.

Dice que intentó sustentar su teoría con estadísticas oficiales, pero no pudo tener acceso a ellas.

Además, los relatos de Briseida, Iris y Milagros permiten ver los diferentes alcances de la tragedia: una madre y esposa que sufre junto con su familia, una madre soltera que saca adelante a sus hijas y otra que perdió a su pareja justo cuando empezó su calvario por el veneno.

¿Cuántas víctimas cobró el dietilenglicol? Nunca lo sabremos, estima el realizador. “Será lo mismo que pasó con la dictadura o la invasión... Sabemos que hay más muertos, sabemos que hay fosas comunes, pero todo quedó allí (...) Esto será igual, podrán meter a uno que otro preso, ‘casa por cárcel’, que es la clásica de ahora, pero no va a pasar más nada. Nunca hubo una investigación seria del hecho”.

Tampoco, prosigue, se ha medido las otras secuelas de este caso. “Imagina cuántos padres y madres que eran el sustento de su hogar murieron o quedaron afectados, esto ha repercutido en la educación, en las relaciones familiares... Hay un tremendo problema social de fondo”, destaca.

Y agrega: “Los pacientes del dietilenglicol se quejan de que los están dejando morir. Les han dado una pensión para sus medicinas y demás, pero ¿quién quiere plata por su salud?”.

La inquietud de hacer un trabajo como A la deriva quedó latente en González desde que vio el documental La espalda del mundo (2002) de Javier Corcuera, que retrata a tres personas, tres historias en distintas partes del mundo. “Hay un niño que trabaja para poder ir a la escuela, un inmigrante refugiado en otro país y un preso condenado a pena de muerte. Es un trabajo muy sencillo, pero muy hermoso, tres historias de diferentes problemáticas”, comparte el cineasta.

TRAYECTORIA

Miguel I. González empezó en el mundo audiovisual a los 17 años y poco después se fue a Cuba a estudiar producción en la escuela de cine de la ciudad de San Antonio de los Baños.

De la experiencia salieron sus primeros trabajos, los cortometrajes Memoria de la lluvia y Si seguimos vivos, ambos disponibles en YouTube.

Cuando volvió a Panamá en 2010 empezó a trabajar como productor del programa televisivo Hecho en Panamá y luego de un año lo dejó para abrir su productora Contraplano Films en Chitré, Herrera.

“Mi hijo iba a nacer y queríamos que creciera en el interior, así que nos fuimos, y para trabajar tuve esa idea loca de abrir una productora fílmica en Chitré...”, bromea González.

Confiesa que le fue muy mal al principio, pero luego de unos años pudo establecerse haciendo diferentes tipos de producciones audiovisuales, incluyendo A la deriva, su primer largometraje, y ya trabaja en otros proyectos como la película Soñar con la ciudad.

“Parece que hacer cine en Chitré funciona”, plantea.

Luego de la participación de A la deriva en el IFF Panamá, el plan, acota González, es llevar el documental a más festivales de cine y estrenarlo en las salas comerciales. Aún no hay fechas definidas.

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