La niña que cuida ovejas

La niña que cuida ovejas
Les tomó cinco años levantar el proyecto, y siempre tenían claro los sitios en Guatemala donde se filmaría. CORTESÍA

El hogar donde residen la pequeña Rocío, su madre y su abuela existe. Toda la belleza rústica de ese paraje, que acoge a estas integrantes de la etnia indígena maya, se refleja en La casa más grande del mundo (México/Guatemala).

“Esa área es una de las más abandonadas del país, y está muy cerca de las zonas arrasadas durante el genocidio ocurrido a principios de la década de 1980 en Guatemala, así que los niveles de pobreza y abandono son brutales. Ni al Gobierno ni al Estado les interesan estas comunidades, y tristemente a la gente en la ciudad menos”, reclama Ana V. Bojórquez, quien junto a Lucía Carreras filmó este largometraje.

Durante su niñez viajó mucho por razones familiares a la sierra de los Cuchumatanes, escenario de este largometraje, así que tuvo oportunidad, “no solo de conocer la zona y enamorarme de su belleza tan particular, sino también de hablar con niños y niñas pastores, que en una zona tan inhóspita siempre se te acercan con mucha curiosidad”.

Desde el principio, señala, se propusieron que la historia de la pequeña que cuida las ovejas de la familia “no tuviera connotaciones socio-políticas ni religiosas, sino más bien la idea fue explorar los sentimientos de soledad y el miedo”.

Su objetivo permanente fue “narrar una historia en donde el espectador debe ir más allá de la etnia indígena y poder llegar a conectar con la niña. No con el afán de negar nada ni de pretender que el racismo, la injusticia y la pobreza no estuvieran o siguen estando ahí, sino más bien con el afán de centrarnos únicamente en la humanidad del personaje”.

Este proyecto surgió en los pasillos de la Escuela Internacional de Cine y Televisión, junto a un compañero guatemalteco que deseaba trabajar un guion sobre una niña pastora del occidente de Guatemala.

“Ambos admirábamos el cine iraní y encontrábamos mucha poesía en la sencillez de sus historias. Eso detonó en mí una idea clara del tipo de película y, en especial, del tono que la historia debía procurar”, manifiesta.

Admite que rodar su ópera prima a cuatro manos fue “difícil, pero gratificante. La ventaja fue que, cuando Lucía nos propuso sumarse al proyecto y apoyarme en la dirección, ella ya estaba muy empapada del guion y conocía muy bien la propuesta visual. Para ese momento, teníamos ya trabajando en otro proyecto de cine más de un año, así que de cierta forma fue todo muy orgánico”.

Puede ver La casa más grande del mundo en el marco del cuarto Festival Internacional de Cine de Panamá (IFF Panamá) hoy domingo 12 de abril a las 8:00 p.m. o mañana lunes a las 10:00 p.m. Ambas funciones serán en Cinépolis de Multiplaza.

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