‘UN LIBRO ES UN ARMA CARGADA’.

El poder de las letras

Reconocida como una de las ficciones distópicas más sobresalientes, ‘Fahrenheit 451’ describe un perturbador futuro apocalíptico sin libros, en el cual la conformidad es ley y la curiosidad un crimen.

El poder de las letras
El poder de las letras

En el mundo se lleva a cabo una batalla contra la desinformación y la apatía; los medios de comunicación libres prueban de todo para mantener la atención de sus receptores, y algunos expertos incorruptibles tratan de divulgar la verdad y advertir sobre la terrible situación en la que estamos inmersos, mientras que el público abrumado busca la manera de sosegar su ansiedad, consumiendo contenido narcotizante diseñado para desconectarse y desensibilizarse de la realidad.

Cualquier parecido a la realidad es pura coincidencia, y no es sorpresa que sea tan parecido. Este es el argumento central de casi toda novela distópica, un género de ficción que ha obtenido nuevo auge en recientes años gracias a exitosas trilogías dirigidas a audiencias jóvenes, como Los juegos del hambre, de Suzanne Collins y Divergente, de Veronica Roth. Sin embargo, es esencial mirar hacia los clásicos de autores como George Orwell (1984) o Aldous Huxley (Un mundo feliz) para entender que, tanto en la vida como en la ficción, la historia se repite una y otra vez mientras dejemos que ocurra, mientras no aprendamos del pasado.

Entre esos clásicos está Fahrenheit 451 (Ballantine Books, Estados Unidos, 1953), del fallecido escritor Ray Bradbury, que presenta una visión siniestramente acertada del futuro, de avances en tecnología de doble filo, control de la información y los medios, y el efecto anestésico y aislante de los dispositivos audiovisuales. Televisores de pantalla plana, cajeros automáticos que trabajan 24 horas, auriculares sin alambres, drones, redes sociales, todo parece haber sido previsto por Bradbury hace más de 70 años, por lo cual Fahrenheit 451 sigue siendo una novela extremadamente relevante.

En ella, el protagonista, Guy Montag, parece un tipo bastante corriente, adherido a las normas de una sociedad totalitaria y a su trabajo como bombero. Pero en esta sociedad los bomberos no apagan incendios, sino que los inician, específicamente para quemar libros; estos están prohibidos porque según el gobierno son causa de discordia y sufrimiento, y las personas que los guardan como tesoros se arriesgan a ser encarcelados o incluso ejecutados por insubordinación. Montag entonces resulta no ser tan fiel a las normas, cuando comienza a preguntarse qué contienen los libros para hacer que una persona esté dispuesta a sacrificar su libertad o su vida por ellos.

Bradbury, inspirado por su propio amor por la literatura, se imaginó un terrible mundo sin ella, una sociedad condenada a la ignorancia. Impactado durante su juventud por las fogatas de libros llevadas a cabo por los nazis, por la campaña política de represión de Joseph Stalin –durante la cual escritores y poetas eran arrestados y a veces asesinados-, por los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki, y por la expansión del comunismo en la era de Joseph McCarthy de Estados Unidos, el autor utiliza esta historia como una advertencia sobre los peligros del conformismo, la censura y la proliferación de los medios masivos. “Yo no quiero predecir el futuro, busco prevenirlo”, dijo el autor en una ocasión.

Originalmente escrito como una novela corta, Bradbury expandió la historia para convertirla en una novela completa a petición de su editorial. A pesar de esto la estructura, ritmo y fluidez de la narración hacen que la lectura sea rápida y cautivadora, con personajes bien desarrollados y un primer, segundo y tercer actos agobiantes.

Fahrenheit 451 es acerca de la importancia de la literatura, y el valor del conocimiento y de nuestra capacidad de pensar, y destaca lo que es capaz de hacer el ser humano por conservar su libertad tanto física como espiritual.


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