ENFERMEDAD Y ATENCIÓN HUMANIZADA.

La salud mental del cuidador

Quien atiende a un paciente o a un familiar enfermo, puede experimentar una amplia gama de emociones y trastornos que lo lleven a un desgaste. Se requiere prevención y la promoción de salud integral.

La salud mental del cuidador
El apoyo emocional y de grupo son esenciales para evitar situaciones de riesgo.

Atender las necesidades de una persona enferma, independientemente de su edad, ya sea un familiar o un paciente, en el caso de los profesionales de la salud, no es tarea fácil.

El cuidador de salud debe gozar de una adecuada salud mental, de un equilibrio que le permita atender sus propias necesidades, de modo que pueda transmitir paz y tranquilidad a un enfermo, explica el Dr. Carlos Smith, psiquiatra y coordinador de docencia del Instituto Nacional de Salud Mental.

“Si partimos del principio de que nadie puede dar lo que no tiene, el sistema debe promover actualizaciones, periódicamente, ocupándose de la salud mental del proveedor de salud”.

Como cualquier ser humano, el cuidador de una persona enferma, un adulto mayor o alguien con necesidades especiales, puede deprimirse, frustrarse, tener dolores, estrés, trastornos por ansiedad, irritabilidad y toda una gama de diagnósticos que a veces se somatizan. Viene entonces el riesgo del burnout o desgaste y hasta puede tener ideas suicidas.

“La calidad de lo que ofrecen muchos profesionales de la salud está determinada por la propia merma de las condiciones mentales de ellos”, advierte Smith.

“En cualquiera de las áreas donde se prestan servicios de salud debe haber políticas dirigidas a la protección, promoción y conservación de la salud mental del proveedor. Pero ¿cuántos profesionales de la salud tienen un siquiatra o psicólogo para que les dé‘mantenimiento’? El componente preventivo jugaría un papel en la calidad de la labor que desarrolla el individuo”.

Las emociones son legítimas, recalca, pero hay que saber cómo manejarlas. Algunos crecen acostumbrados a no mostrar sus emociones porque en su núcleo familiar era un signo de debilidad.

En una familia que debe lidiar con el cuidado de un enfermo, los grupos de ayuda pueden ser un gran pilar.

Personas que tienen un trabajo demandante, problemas económicos, hijos que cuidar, una pareja que les reclama más atención y encima deben atender a un abuelo con una úlcera de decúbito, alimentarlo por sonda en casa, por ejemplo, pueden formar un grupo de familiares que viven situaciones similares, quizás con carácter gremial para que las autoridades los apoyen, recomienda Smith.

El apoyo emocional viene a ser una suerte de “intercambio de figuritas”, en el sentido de que se canjea la experiencia práctica. Uno le da tips a otra persona que está angustiada. Se identifica con el otro que ya pasó por lo mismo y le puede dar sugerencias de cómo actuar.

“Podemos tener también apoyo espiritual”, dice el psiquiatra, quien recomienda además, buscar ayuda en los centros de salud.


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