La llegada a Yakarta del buque insignia de Greenpeace, el Rainbow Warrior III, ha sido el paso definitivo para zafar los años de desencuentros entre Indonesia y la asociación ecologista e inaugurar una era de colaboración en uno de los países con más biodiversidad del mundo.
“Pido a Greenpeace que siga colaborando con Indonesia en su tarea de recordar y criticar las cosas que este país tiene que mejorar”, declaró el presidente de Indonesia, Susilo Yudhoyono, durante su visita a bordo de la embarcación el viernes.
Un gesto del mandatario indonesio, cargado de simbología tras la expulsión años antes en 2009 y 2011 de varios activistas de Greenpeace, mientras participaban en campañas contra la deforestación en este país, causada principalmente por las compañías papeleras y las de plantíos de palma de aceite.
En 2010, además, el mismo Ejecutivo indonesio negó el amarre del Rainbow Warrior II y ordenó al ejército escoltar el buque hasta aguas internacionales.
“El Gobierno de Indonesia y la gente se han dado cuenta del rol estratégico de Greenpeace”, apuntó Bustar Maitar, uno de los dirigentes de la organización en el archipiélago asiático.
