MURMANSK, Rusia (EFE/DPA). El examen del Kursk reveló ayer sábado que un incendio de 8 mil grados centígrados convirtió el interior del submarino nuclear en un infierno que acabó en pocas horas con su tripulación.
La verdad sobre la tragedia del sumergible nuclear de primera clase Kursk, se va abriendo paso en medio del secretismo y la última inspección de las entrañas del navío reveló ayer que sus 118 tripulantes sufrieron lo indecible antes de perecer.
Por primera vez desde que se hundió el 12 de agosto del año pasado, unas cámaras mostraron el interior del submarino, ahora varado en dique seco en los astilleros de Roslaikovo, a pocos kilómetros de Murmansk, tras su reflote el 8 de octubre.
El guía del documental que erizó el vello a los espectadores rusos, fue el fiscal general del país, Vladimir Ustinov, quien resumió en tres palabras lo que los forenses y expertos de la Armada encontraron en el submarino: es el infierno.
Las imágenes mostraron un amasijo de hierros, paneles consumidos por el fuego e instrumentos irreconocibles en la sección del navío en que se encontraba el puesto de mando y gran parte de la tripulación en el momento del hundimiento. Partes del casco interior del submarino se mostraban cortadas como con un cuchillo, según las palabras del fiscal.
El fiscal reveló que entre las dos explosiones que sacudieron el Kursk, detrás de las cuales están las causas aún misteriosas de su naufragio, pasaron 135 segundos, y que el submarino tardó entre seis y siete horas, máximo ocho en llenarse de agua y hundirse.
No hubo oportunidad alguna ni tiempo para el rescate, dijo Ustinov.
La destrucción no afectó al arsenal de 22 misiles crucero tipo "Granit" del Kursk, cuyos contenedores aguantaron casi intactos.
Expertos rescataron ayer 17 cadáveres que estaban en la sección posterior. Murieron por intoxicación con óxido de carbono, dijo Ustinov.

