Interactuando armónicamente en un pequeño taller, los colaboradores de la Fundación Thomas & Linda McCormarck se las ingenian para brindar a humildes panameños brazos y piernas artificiales que les permitan mejorar su calidad de vida.
El entusiasmo y la solidaridad compartido por el estadounidense Tom McCormarck y sus asistentes chiricanos Rubi Cianca, Benjamín Samudio y Elías Saldaña, les impulsa a brindar todo lo que esté a su alcance para ayudar a la mayor cantidad posible de personas que necesiten una prótesis, una silla de ruedas, una andadera, un bastón o unos anteojos.
El pequeño taller instalado en la Casa del Jubilado, en calle cuarta, ciudad de David, es el lugar favorito del veterano estadounidense, quien confesó que desde la primera vez que estuvo en Chiriquí, cuando trabajaba en un programa sobre manejo de abejas africanas, se enamoró de esta tierra y su gente.
“Mi mayor recompensa es ver a una persona con una pierna amputada volver a caminar, o a otra utilizar un brazo artificial, entonces puedo llorar y reír de felicidad”, manifestó Mr. Tom, como es conocido.
AGRADECIMIENTO
Gregorio Pittí, campesino de 68 años de edad, se siente feliz de tener su brazo izquierdo, aunque es de caucho y madera.
“Soy un hombre nuevo, yo nunca me acomplejé, pero ahora me siento con más ganas de vivir”, afirmó.
Desde que hace 29 años perdió su brazo, Pittí se trasladó de Paso Canoas a David donde realizó diversos oficios, y ahora elabora bollos de maíz que él mismo vende en las calles davideñas.
Por su parte, Pablo Ávila, quien hace 26 meses sufrió la amputación de una pierna, ahora busca las piezas necesarias para completar y hacer funcionales las prótesis que necesitan otras personas, como agradecimiento a la ayuda que se le proveyó.
