Por serias dificultades económicas y de salubridad vienen atravesando siete personas que habitan en una choza construida con paredes de cañazas podridas, piso de tierra y techo de zinc viejo y agujereado, ubicada en el distrito de Macaracas.
Para aprovisionarse de agua estas personas deben buscarla en el río Estivaná, cuya cuenca fue certificada por el Ministerio de Salud como una de las más contaminadas de la provincia de Los Santos, debido a los desechos provenientes de granjas porcinas localizadas en el sector.
Se trata de la familia de Eneida Espino, que vive en la barriada Los Hatillos, y que a pesar de residir a pocos kilómetros del pueblo carece de luz eléctrica y de agua potable.
Espino indicó que en las últimas semanas las fuertes brisas le han desprendido el viejo techo, y ha llovido más adentro de la vivienda que afuera.
En tanto, la hija de Espino, Deilys Campos, quien tiene dos infantes y está embarazada, pidió ayuda al Gobierno para que los ayude a conseguir una vivienda digna. Explicó que su madre tiene un lote, pero que hasta la fecha nadie los ha tomado en cuenta para suministrarles los materiales y así poder levantar una nueva casa.
