“Gracias a Dios”. Así dice el letrero colocado en el vidrio delantero de un camión en cuyo interior se depositaban más de una treintena de troncos de madera de cocobolo a orillas del río Chucunaque, en el puerto Quimba, en Darién, aunque existe una prohibición al respecto.
Curiosamente, a pocos metros del embarque, en la estación que la policía de frontera mantiene en el lugar, un comunicado pegado en la pared anuncia que toda madera de cocobolo que llegue al lugar debe ser decomisada y su dueño retenido para investigación.
Pero, mientras el camión era cargado con la madera, los policías que se encontraban en el lugar se dedicaron a anotar los datos de los periodistas presentes y a preguntar qué hacían en el lugar. Los funcionarios de la Autoridad Nacional del Ambiente (Anam) brillaban por su ausencia.

