En La Arena de Chitré, provincia de Herrera, la alfarería es una de las actividades más antiguas que practica la mayoría de sus moradores.
En sus inicios solo las mujeres se dedicaban a la confección de ollas, tinajas y cazuelas, relató el alfarero arenero Lucrecio Batista.
“El hombre de la casa se iba a trabajar la tierra y las mujeres confeccionaban las piezas de barro para canjearlas por gallinas, arroz, frijoles, y naranjas, entre otros productos”, recordó.
Pero hoy día, familias enteras se dedican a este arte como una manera de obtener el sustento.
Algunos lo hacen mediante la confección de las piezas de terracota, y otros dándole un valor agregado mediante la pintura o el barniz.
LABOR
En 1990 cuando se levantó una encuesta para justificar el establecimiento del Mercado de Artesanías de Herrera, en 54 viviendas de La Arena se realizaban trabajos de alfarería, comentó el promotor artesanal Claudino Sandoval.
Pero ahora esta cantidad se ha quintuplicado, porque cada vez son más los jóvenes que se dedican a confeccionar verdaderas obras de arte, teniendo como materia prima el barro.
DIFICULTADES
Y es precisamente esa materia prima la que preocupa a muchos artesanos, toda vez que solo tienen dos vetas de donde extraerla.
Una queda en la misma población de La Arena y la otra en el corregimiento de Santa María.
En la primera ahora el representante lanzó la idea de tomarse un espacio para construir una cancha sintética, mientras que en la veta de Santa María el transporte del barro les sale oneroso, pues para traer un encargo de nueve yardas deben pagar 85 dólares.
“Para nosotros el barro lo es todo, pues sin él nada podemos hacer”, sostuvo Batista.
Por ello, indicó que como el terreno de La Arena es municipal, iniciarán una jornada para que le sea traspasado al grupo de alfareros areneros.
GANANCIAS
Venancio Calderón pasa 12 horas del día frente un torno. “Aquí trabajo de lunes a lunes, porque tengo muchos pedidos”, informó.
Mientras confeccionaba una pieza que representa tres hongos, dijo que en un día hace 36 artículos de este tipo, aunque explicó que tienen que ser retocadas al día siguiente, para luego ser llevadas al horno.
“Me gusta lo que hago, aunque las entradas no sean tan grandes”, ya que cada figura tiene un valor de 10 dólares.
Sin embargo, quien la compra así y luego le da el acabado la puede vender hasta en 30 dólares.
Xiomara Facio, junto a tres miembros de su familia, dedica gran parte del día a pintar las piezas de cerámica. “Aquí le compramos las piezas a los alfareros y le damos el valor agregado”, comentó.

