Estimados hermanos y amigos todos: no es para mí nada grato dar la última despedida a quien en vida fue un buen padre de familia, un ilustrado profesional de la abogacía y, ante todo, un entrañable amigo, compañero de aquella Corte Suprema de Justicia que designó el presidente de la República Guillermo Endara Galimany (q.e.p.d.), a pocos días de ocurrida la invasión norteamericana que puso fin a la dictadura de Manuel Antonio Noriega.
Fueron días difíciles para todos los panameños. Nos sentimos oprimidos y traicionados por un régimen de corte militarista que ustedes los chiricanos tuvieron que soportar en carne viva, ya que en esta provincia se gestó el golpe de Estado que derrocó al gobierno del doctor Arnulfo Arias Madrid, que sin duda había resultado triunfador en los comicios celebrados en el país en 1968, a escasos 11 días de que el doctor Arias Madrid había asumido su mandato, lo cual descarta la excusa de que tal golpe de Estado fuese causado por un supuesto desquiciamiento de la democracia en nuestro sistema de gobierno.
Por lo demás, a mí me consta que Raúl Trujillo Miranda (q.e.p.d.) fue uno de los profesionales reclamados en nombre de la Patria por el presidente Endara Galimany, primordialmente a profesores destacados de la Facultad de Derecho de la Universidad de Panamá como lo fueron los doctores Fabián Echevers, Aura Guerra de Villalaz, Arturo Hoyos, Edgardo Molino Mola y César A. Quintero; así como abogados que el Presidente consideró destacados en el ejercicio de la profesión y de la clase política, a saber, los licenciados Rodrigo Molina Amuy, José Manuel Faúndes y Raúl Trujillo Miranda, que integraron conmigo la Corte Suprema de Justicia escogida por el presidente de la República.
Para terminar, aprovecho este momento de recogimiento para llamar a la cordura a todos los que hemos tenido el privilegio de nacer y convivir en este pequeño país ubicado en la cintura de las dos Américas, como si estuviera hecho para cumplir los designios que el Señor puso en los hombros de los panameños y extranjeros que se han incorporado al país, a quienes toca velar por la vigencia de un canal interoceánico que debe permanecer perennemente abierto al transporte marítimo mundial.
Tal como lo sentimos quienes integramos con el magistrado Raúl Trujillo Miranda la Corte Suprema de Justicia, tan solo la prudencia y la neutralidad que debemos imprimirle al Canal los panameños, así como la altura de miras con que manejamos nuestras diferencias políticas, nos habrán de garantizar un futuro provechoso para nuestros hijos y para la paz mundial.
No en vano se esforzó en vida Raúl Trujillo Miranda, para mucho contribuir con este designio manifiesto que nos depara el destino.
Ojalá que así sea.
(Leído en la ciudad de David, provincia de Chiriquí, a las 12:00 p.m. del 28 de diciembre de 2014)
*El autor es expresidente de la Corte Suprema de Justicia.
