En 1909 se creó en China la Comisión Internacional del Opio encargada de luchar contra esa droga. El conflicto comercial de exportación de opio por los ingleses de la India a China ocasionó el conflicto bélico conocido como las guerras del opio. La primera de 1839 a 1842 y la segunda de 1856 a 1860. Hong Kong, colonia inglesa hasta 1997 y Macao, provincia portuguesa hasta 1999, son hoy dos “regiones administrativas especiales” de la China hijas de esos conflictos.
Entre 1909 y 1988 se firmaron varios tratados y convenios con el mismo objetivo. En 1988 tuvo lugar la Convención de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito para establecer programas tendentes a la reducción de los estupefacientes, tanto del lado de la oferta como del de la demanda. “Un mundo sin drogas”. Ese era el eslogan. Diez años más tarde, en 1998, la ONU celebra otra conferencia y 10 años después, en marzo de 2009, se celebró otra conferencia en Viena que ha evidenciado la inutilidad de las estrategias y de los objetivos planteados. Los datos de la ONU así lo confirman.
Pruebas al canto son que en 1998 se producían 825 toneladas de cocaína y en 2007 se produjeron 994. La estimación de la ONU del negocio de drogas es de 320 mil millones de dólares al año, que se correspondería con la 21 economía del mundo.
Los narcóticos suponen el segundo negocio en el sector de las materias primas, solo detrás del petróleo y su valor es mayor que la suma del chocolate, el café, el tabaco, el vino, la cerveza y el té en el comercio mundial.
El número de personas en el mundo que consumen estupefacientes al menos una vez al año entre los 15-64 años alcanza los 208 millones de la población mundial, lo que representa el 4.9%. Las muertes asociadas a las drogas la ONU las cifra en 200 mil anuales.
Por el otro lado habría que agregarle el costo para los países. La lucha contra las drogas implica un sistema policial, naval y aéreo fronterizo para impedir el tráfico, pero también un sistema policial para perseguir a los traficantes y procurar la seguridad de los ciudadanos; un sistema judicial con su correspondiente sistema carcelario para condenar a los que infringen la ley; un sistema económico que impida el enriquecimiento ilícito, la corrupción y el lavado.
Para todo eso se requiere de un sistema político capaz de enfrentar internamente las consecuencias, incapaz de ser penetrado a través de dinero en campañas electorales o de representantes directos y también requerir de una alianza global que permita las acciones de las políticas internacionales. ¡Tremenda tarea!
En Iberoamérica, la narco-guerrilla de “Farclandia” le tiene en alquiler un territorio al Estado colombiano; México se enfrenta a lo que le llaman “guerra contra el narco” y en la reciente conferencia de Viena, el presidente boliviano Evo Morales masticaba una hoja de coca, mientras afirmaba: “es parte de una cultura, es medicina para los pueblos”. Eso también lo decían los chinos.
Parecería que los 208 millones de ciudadanos se ríen de los restantes 6 mil 692 millones de la población mundial. Absurdo.