Agobiado desde hace ya largo tiempo atrás, Yemen se ha convertido en una nueva fuente de ansiedad popular, por la buena razón que una rama de Al Qaeda allá envió a un atacante con bomba en un vuelo comercial (quien no tuvo éxito), Umar Farouk Abdulmutallab, en su misión terrorista. Estados Unidos debe contener la amenaza proveniente de ese país atascado en la pobreza desesperada y plagado por el conflicto, pero sería un error exagerar la reacción y tomar medidas que podrían ser capitalizadas directamente por la red Al Qaeda.
Resulta evidente la prisa por exagerar la reacción. El senador Joseph Lieberman, por ejemplo, citó la necesidad de actuar preventivamente “a fin de impedir la guerra de mañana”. En Boston, se han dado llamamientos enfocados a detener la entrega de gas natural que es cargado en dicho país. Sin embargo, la realidad es que Yemen ha servido como un nido de Al Qaeda durante muchos años, incluso antes del 11 de septiembre de 2001.
En últimas fechas, el gobierno de Yemen ha estado recibiendo una mayor dosis de ayuda para seguridad de manos de Washington. De hecho, el grupo Al Qaeda en la Península Arábiga dijo que la conjura del Día de Navidad tenía el fin de ser una venganza por la participación de EU en recientes ataques por aire, los cuales mataron a 60 extremistas en Yemen el mes pasado.
Al Qaeda usa el conflicto con EU como uno de los elementos clave en sus esfuerzos de reclutamiento. Es por esta razón que, en el pasado, las administraciones Clinton, Bush y Obama han tenido la prudencia de abstenerse de hacer alarde de la cooperación en los servicios de inteligencia, transferencias de armas y planeación conjunta de operaciones antiterroristas con el gobierno yemení. El presidente Obama debe evitar caer en provocaciones relativas a las amenazas públicas de acciones militares en Yemen.
Ya existe el peligro de que los presentes ataques estadounidenses con misiles en contra de objetivos de Al Qaeda, en áreas de Yemen bajo el control de tribus locales, pudieran volver a esas tribus en contra de los extranjeros que matan a su gente; y por tanto, facultar a la red Al Qaeda con los protectores locales que los extremistas quieren y necesitan. Sobre todo, Obama debe rechazar cualquier llamamiento por la presencia de botas estadounidenses en suelo yemení. Nada convendría más a dirigentes de Al Qaeda que atraer a EU a otra guerra de contrainsurgencia en otro país musulmán.
Dado el historial de detenidos yemeníes detenidos en Guantánamo que regresan a casa para sumarse, y en algunos casos dirigir, a la red Al Qaeda, para Obama tiene sentido mantener cuando menos a algunos de los más sospechosos aquí, en prisiones estadounidenses de alta seguridad. Pero, por lo demás, la política estadounidense más taimada hacia Yemen radica en mantener un perfil tan bajo como sea posible, al mismo tiempo que suministra amplia ayuda a las autoridades yemeníes en su guerra local en contra del terrorismo.