[DESDE EUROPA]

Adiós a la Wilkins

A principios de este mes se hizo pública una noticia inquietante para cualquiera que se interese por el proceso de cambio climático. La plataforma Wilkins, una extensión gigantesca de hielo, tan grande como tres islas de Mallorca, había roto el puente que aún la unía con la parte continental de la Antártida. Con la isla de Alejandro I, en realidad, pero tratándose del Polo Sur poca diferencia existe entre mar helado, tierra firme, islas y continente. O existía: los radares de la Agencia Europea del Espacio llevaban tiempo dando cuenta de la inusual abundancia de témpanos en aguas cercanas a la isla de Charcot y de la profusión de grietas abiertas en el puente estrecho que sujetaba la placa Wilkins. Al poco, se hizo patente que, por primera vez en miles de años, esa masa de hielo iba a quedar libre sobre las aguas más meridionales del planeta.

Al margen de los lamentos poéticos por la pérdida de una referencia que, a los amantes de las aventuras polares, les resulta muy familiar, el hecho de que la placa Wilkins se haya desprendido no hace sino reflejar un acontecimiento de mucho más alcance: el del calentamiento global acelerado. Ese mismo proceso de cambio que niegan algunos políticos, llevados no se sabe bien si por su analfabetismo o su cerrazón –sin descartar las oportunas combinaciones de ambos. Lo indicó hace poco un oceanógrafo español, Carlos Duarte: estamos metidos ya en unos cambios acelerados porque al fundirse esas masas de hielo –las del Ártico, sobre todo– se incrementa la emisión de metano, se acentúa el efecto invernadero y se da un paso adelante el calentamiento global. Las consecuencias son de un alcance planetario, e implican la desaparición de muchas de nuestras referencias familiares.

El factor tiempo es crucial cuando hablamos de las consecuencias que tiene ese proceso para la humanidad. Carlos Duarte calculaba en un incremento de cerca de 60 metros en el nivel del mar si se fundiera todo el hielo de los casquetes polares. Pero el científico, quizá para evitar pánicos innecesarios, añadía que eso no va a suceder de inmediato. No lo veremos, metafóricamente hablando, ni en este siglo ni en el siguiente, y tal vez tampoco en el próximo milenio. Sin embargo, es del todo previsible que llegue a presentarse: se trata de un acontecimiento ligado al avance del periodo interglaciar en el que estamos metidos. Quienes vivan para entonces se encontrarán con un Mediterráneo o un Caribe bien diferentes de los que existen ahora.

Si estamos hablando de milenios, ¿podemos echarnos a la bartola amparados en la indiferencia ante un lobo que aparecerá en un futuro muy lejano? Ni por asomo. Los primeros coletazos de esa amenaza climática los estamos viviendo ya. Y podemos elegir entre desentendernos –con lo que aceleraremos no poco el cambio– o bien obrar en consecuencia. Por desgracia para nosotros, la naturaleza humana parece encontrarse muy cómoda acudiendo al recurso suicida de no hacer nada.


Última Hora

  • 22:00 Juan Orlando Hernández enfrentará en libertad juicio por lavado de dinero y fraude en Honduras Leer más
  • 20:47 Diana Uribe presentará ‘La historia del café como nunca te la han contado’ en Panamá Leer más
  • 20:41 Fenómeno de El Niño podría afectar negativamente el empleo en Latinoamérica, advierte OIT Leer más
  • 20:24 Estados Unidos confía en el diálogo venezolano para avanzar en su plan de transición de tres fases Leer más
  • 20:07 Trump advierte a Irán que tiene una ‘última oportunidad’ para firmar un ‘buen’ acuerdo Leer más
  • 20:02 Comienzan en Panamá ejercicios militares con 21 países y la mira puesta en el Canal Leer más
  • 19:51 Carlos Alcaraz prepara su regreso a las pistas con un entrenamiento sorpresa en Alicante Leer más
  • 19:21 Vini Jr., Bernardo Silva y Brahim se incorporan a la pretemporada del Real Madrid Leer más
  • 19:15 Las brechas silenciosas de la educación superior panameña Leer más
  • 18:57 El ‘super anticonceptivo’ con el que una rata topo vuelve infértiles a las hembras rivales Leer más