Millones de afganos, decididos a forjar su propio futuro, desafiaron amenazas del talibán y salieron a votar el jueves pasado, en las segundas elecciones presidenciales en la historia del país. Ese valor merece la recompensa de un gobierno mucho mejor que el experimentado por los afganos en los cuatro años transcurridos desde la última votación presidencial.
El presidente Barack Obama definió correctamente el éxito en Afganistán como un elemento esencial en la lucha de Estados Unidos en contra de la red Al Qaeda.
Él ha respaldado lo anterior con más tropas actualmente hay 62 mil efectivos y 6 mil más van en camino , un liderazgo militar de Estados Unidos más firme y usando más cuidadosamente el poderío aéreo concebido para limitar las bajas civiles.
Aún se debe hacer mucho más. El siguiente presidente del país necesitará del respaldo pleno de Estados Unidos y aliados de la OTAN, si es que va a existir cualquier esperanza de derrotar a lo peor del talibán y alguna oportunidad de convencer al resto de que depongan sus armas. Washington también debe estar dispuesto a compartir duros consejos no solicitados cuando haga falta, tanto en lo concerniente a la corrupción oficial como a las drogas.
Hay que elogiar al general Stanley A. McChrystal, el nuevo comandante de Estados Unidos, por haber mostrado franqueza con respecto a lo mal que va la guerra; así como cuán difícil y costoso probablemente sea siquiera empezar a revertir la situación.
Con frecuencia, cada vez mayor, tropas de Estados Unidos y de la OTAN y del nuevo Ejército Nacional de Afganistán deben desalojar a guerrilleros talibán de los estratégicos pasos y poblados montañosos que han recuperado en años recientes (sin poner imprudentemente a residentes locales en la línea de fuego).
El éxito en el campo de batalla afgano no será suficiente a menos que Pakistán cierre campos de entrenamiento del talibán y rutas de infiltración de su lado de la frontera.
Washington debe usar cada recurso diplomático y de ayuda a su disposición para alejar al Gobierno de Pakistán, su ejército y servicios de inteligencia de su histórico apoyo al talibán, para luego acercarlo a un respaldo del legítimo gobierno afgano.