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Agoniza propuesta para legalizar la marihuana

El declarado rechazo de los votantes de California a la Proposición 19 no significa que el debate sobre la legalización de las drogas haya concluido.

Si confiamos en los datos de las últimas encuestas de opinión, la Proposición 19, que plantea legalizar el cultivo, la posesión, la distribución y la venta de marihuana en California, está moribunda y solo falta que los votantes le den la puntilla el próximo martes.

La encuesta de la Universidad del Sur de California y Los Angeles Times muestra que el 51% de los votantes está en contra de su aprobación y solo el 39%, a favor. No sabemos si el rechazo se debe a que los votantes juzgan inmoral la drogadicción, por consideraciones de salud o porque piensan que el texto de la Proposición está tan plagado de fallas que resultaría imposible regularla, controlarla y gravarla. Las tres virtudes cardinales de este debate si entendemos que legalizar significa encontrar la forma de regular el uso y controlar la venta de drogas.

En lo referente a regulación, la propuesta dispone que cada municipio, cada ciudad y cada condado redacte sus propias reglas. En California, eso significaría tener más de 500 regulaciones distintas y muy probablemente contradictorias. Las de una ciudad podrían ser distintas a las del condado en el cual se localiza. Y cuando hay muchas regulaciones no se regula, se produce un caos legal insoluble. Y si tomamos como modelo la regulación vigente para la venta de marihuana con fines medicinales, al caos legal habría que añadirle el desorden social y la proliferación de delitos. “El programa de marihuana medicinal ha sido secuestrado por bandas criminales que utilizan la violencia para controlar sus territorios”, ha declarado el alguacil del condado de Los Ángeles, Lee Baca.

Quizá un factor que influyó en la decisión de los votantes para rechazar la propuesta fue la advertencia del Procurador General de Justicia, señalando que de aprobarse la medida el gobierno federal aplicará “con vigor” las leyes federales que prohíben el cultivo, la distribución, la venta y el consumo de drogas.

Sin embargo, la inminente derrota de esta propuesta no significa que el debate sobre la legalización concluyó. La legislatura de California discute un proyecto de ley que tendría mayor alcance que la despenalización en Holanda o la descriminalización de Portugal.

Ojalá que el futuro debate se centre más en las hipótesis sobre los beneficios y los perjuicios de la legalización. Que se estudie, por ejemplo, la validez del argumento que sostiene que la legalización afectaría los márgenes de ganancia del crimen organizado y, por ende, reduciría su capacidad de corrupción, reclutamiento y violencia.

Una hipótesis que para el Dr. Jonathan Caulkins, de la Carnegie Mellon’ Heinz University, es sumamente improbable, porque “no existe una regla universal que nos permita asumir que la violencia está directamente ligada a la ganancia. Más aún, la disminución de las ganancias podría tener efectos perversos. La violencia podría aumentar si los carteles tienen que competir para controlar territorios cada vez más reducidos o si los sicarios quedaran desempleados pues lo más probable es que se dedicarían al secuestro, al robo o a otras actividades delictivas”.

Otro argumento que se esgrime en favor de la legalización es que reduciría considerablemente el número de consumidores encarcelados. Quizá pero solo mínimamente, “en Estados Unidos”, me dice Caulkins, “más del 85% de las personas encarceladas por consumir drogas están también involucradas en su distribución y venta. En rigor, solo el 0.5% está en prisión por posesión”.

Viendo a futuro, pienso que por más razonable que parezca permitir que los adultos consuman drogas, su legalización tendría un sinnúmero de consecuencias indeseadas. Según Beau Kilmer, codirector del Centro de Investigación de Políticas sobre Drogas de Rand, sus investigaciones revelan que “la legalización reduciría el costo de la marihuana hasta en un 80% y el consumo aumentaría. Su abaratamiento afectaría a otros estados, propiciaría el contrabando y aumentaría el turismo de adictos a California”.

La legalización, tal y como ha sido planteada en California, no resuelve ni la adicción a las drogas ni disminuye la violencia que genera el combate a los narcotraficantes.


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