Alexandra y el cine

Alexandra y el cine
LA PRENSA/Jazmín Saldaña

Que hoy a Alexandra Schjelderup le guste tanto el cine es culpa de su madre argentina, que disfrazaba de adulta a su hija desde que tenía 13 años, para así burlar la censura en las salas donde juntas veían películas de directores como Pier Paolo Pasolini (Italia) e Ingmar Bergman (Suecia).

Su padre noruego también tiene cuota de culpa, ya que con él se escapaba a disfrutar películas de Kung Fu. “Me llevó a ver ‘pelis’ de acción, hasta súper sangrientas que uno no le mostraría a un niño, pero yo era feliz porque me dedicaba tiempo”.

Gracias a semejante combinación, hoy la pasa súper bien con “películas de acción, nada intelectuales y con el cine de autor más extremo”.

Nació en Alemania, en 1964. Llegó a Panamá a los cuatro años, y a los 19 años se marchó a Francia a estudiar en la Sorbonne de París.

La primera película que recuerda haber visto en una sala fue Bambi, en el hoy desaparecido cine Roosevelt, cuando tenía siete años.

Tiene una docena de años de estar de vuelta en Panamá, y siempre tiene ganas de promover iniciativas culturales.

Actualmente, labora en la Universidad Tecnológica de Panamá en el proyecto I + D en Cultura (innovación y desarrollo), “destinado no solo a formar al sector cultural, que son verdaderos guerreros con necesidad de buenas herramientas/armas para tener éxito en su trabajo, sino también generando transversalidades disciplinarias desde la cultura hacia otros campos y áreas de trabajo”.

Desde hace dos lustros organiza el Curso Anual de Apreciación de Cine. Se trata de 10 sesiones sabatinas en el Alhambra de Vía España y cuya meta es formar a la audiencia nacional. La nueva versión de este evento comenzará este 25 de junio.

¿La razón? Porque sabe que el cine es “un espejo de nuestra sociedad, que tanto la refleja como la condiciona. Al estar en un mundo de imágenes, hay que tener las herramientas que nos ayuden a descodificar para disfrutar más y entender por qué a uno le gusta o no una película, o poder separar cuáles son los elementos que sirven de los que no, pero más que nada, estar conscientes de que el cine es un vehículo transmisor de valores, de cánones estéticos, de visiones políticas y de visiones del mundo”.

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