El uso cada vez mayor de teléfonos inteligentes y el creciente interés por las computadoras tipo tablet han potenciado el surgimiento y consumo de aplicaciones de todo tipo, que se descargan gratuitamente y, en otros casos, mediante un pago.
Pero, más allá de las apps musicales, para jugar, comunicarse con otros, diseñar ropa, aprender a cocinar y para llevar un registro médico o nutricional, entre las miles que existen, la educación también es un campo con mucho potencial para crear aplicaciones que beneficien a desarrolladores, centros académicos y a los usuarios.
En esa línea, ya se habla del “aprendizaje móvil” o mobile learning (m-learning), que consiste en aprovechar los dispositivos móviles en el proceso de enseñanza-aprendizaje.

