[PANORAMA INTERNACIONAL]

Apuntes de actualidad

Sigifredo López estuvo casi ocho años cautivo en condiciones espantosas y su liberación, semejante a la de Ingrid Betancourt, ha conmocionado a la comunidad internacional.

Nada más pisar territorio brasileño el hasta hace unos días rehén de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), liberado o intercambiado por otros infelices, declaró que era partidario del “canje humanitario” entre presos del movimiento guerrillero y rehenes civiles o militares que en algunos casos llevan 10 años de cautiverio.

Sigifredo López ex gobernador de Valle del Cauca estuvo casi ocho años cautivo en condiciones espantosas (en año y medio solo pudo hablar una vez con sus carceleros) y su liberación, semejante a la de Ingrid Betancourt, ha conmocionado a la comunidad internacional y especialmente a la opinión pública colombiana para la que estos cientos de rehenes ocultos en la selva son un tumor difícil de extirpar.

No se sabe con exactitud cuánto se pagó en dinero o en prisioneros por Sigifredo López, como no se sabe tampoco cuánto hubo que cotizar por la liberación de la señora Betancourt. El caso es que, una vez en libertad, ambos reiteraron la principal reivindicación dirigida principalmente al presidente Uribe: el Gobierno debe pactar a través de intermediarios con los dirigentes de las FARC el intercambio de prisioneros por rehenes.

No parece que Uribe sea proclive entre otras razones porque en demasiadas ocasiones fue engañado por los “comandantes” de las FARC.

Ni tampoco parece probable que países como Venezuela o Brasil estén dispuestos a participar en la operación.

De todos modos algo habrá de hacer el régimen colombiano para conseguir que los casi mil rehenes consigan la libertad. Ya está claro que la liberación gota a gota de personalidades rehenes apenas resuelve algunos casos por muy significativos que éstos sean.

Hay desde luego países que podrían ayudar en este deseable canje humanitario como Cuba, pero tal vez conviene olvidarse de cuánto los hermanos Castro pueden hacer entre otras cosas porque les parece muy bien la situación y no desean que cambie.

Este último rehén hará lo que pueda en los foros nacionales e internacionales por convencer de la necesidad de este gesto humanitario a la opinión pública internacional. Cosa diferente es que consiga algo con sus buenas y sus generosas intenciones. Cada día está más claro que solo los países vecinos de Colombia y personalidades como Lula, Kirchner o Correa pueden hace algo. No será fácil ni inmediato.

El segundo deshielo. Aparentemente al menos, algo está cambiando en la política exterior norteamericana tras la llegada a la Casa Blanca de Obama.

Ocho años después del permanente deterioro de estas relaciones con vistas a los puntos calientes del globo, todo indica que existe una voluntad de cambiar las cosas, como pudieron comprobar quienes asistieron a la Conferencia de Seguridad celebrada en Múnich estos días.

Estados Unidos parece ahora dispuesto a reanudar el diálogo sobre control de armamento nuclear y convencional con Rusia y los países todavía satélites. Y, lo que es más importante todavía, a replantearse la cuestión del escudo antimisiles que había envenenado las relaciones bilaterales en los últimos meses y que ahora podría salir adelante, pero con la paradójica colaboración rusa.

El deshielo se extendería también a los vigentes tratados sobre misiles intercontinentales, a los que Rusia está dispuesta a renunciar siempre que Estados Unidos haga lo propio con el fangoso escudo antimisiles.

En un gesto que pone de manifiesto cierta voluntad de acuerdo, Rusia ha hecho saber que permitirá el uso de su territorio como zona de paso de material militar o paramilitar de Estados Unidos con vistas a la guerra de Afganistán. Ya en la cumbre de la OTAN-Rusia celebrada en Bucarest en abril de 2008 ambas partes habían alcanzando un acuerdo por el que Rusia permitía a Estados Unidos y a los restantes países de la OTAN involucrados en el avispero afgano el paso de mercancías para abastecer a las tropas americanas destacadas en las zonas fronterizas con Afganistán. Para algunos observadores esta actitud relativamente tolerante del Kremlin abre una senda de diálogo entre los enemigos de antaño. Para estos especialistas, este segundo deshielo puede abrir las puertas del futuro imperfecto que en Washington y Moscú buscan afanosamente aunque, eso sí, sin excesivo optimismo.


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