En los anuncios comerciales que promueven el espectáculo del Grupo Acrobático de Chengdú en Panamá, se habla de maromas que dejan boquiabiertos a los espectadores y de una puesta en escena que no se olvida de lo cultural a pesar del carácter circense del show.
Esta vez no pusieron a la señora publicidad a inventar o a exagerar nada.
La presentación de los artistas de China mezcla arte y destreza durante 14 actos, en los que llegan a intervenir 35 acróbatas.
Por el escenario pasan coreografías, algo de teatro, música, danza aérea y demostraciones de habilidad, equilibrio y cuerpos elásticos que dejan en entredicho a esas reglas de gravedad y física.
“Ilusiones de un niño duende” es el nombre de la función que han traído estos artistas de Oriente y con la que han visitado países como Italia, Francia, Holanda y Bélgica, entre otros puntos del planeta.
En esta obra en movimiento, que piensan presentar en varias plazas de América Latina, se cuenta cómo un chico sueña con ser el mejor artista de las acrobacias y maromas de China, pero es un argumento tan débil, que pasa casi inadvertido.

