La paz armada en el Partido Socialista francés no podía durar mucho tras el severo castigo sufrido en las elecciones europeas del pasado 7 de junio. Ocho meses después de su tumultuosa y contestada elección en el congreso de Reims, la primera secretaria del PS, Martine Aubry, debe hacer frente a una nueva rebelión interna.
Ahora no se trata de su eterna rival, Ségolne Royal, que el pasado mes de febrero accedió a pactar una tregua y espera en segundo plano el momento de pasar al ataque, sino de algunos de los más destacados jóvenes leones del partido, ese grupo heteróclito de cuadragenarios que sueña con la candidatura al Elíseo en las elecciones de 2012.
La contestación le ha venido a Martine Aubry de dos rebeldes consumados: los diputados Manuel Valls y Arnaud Montebourg, quienes cada uno por su lado han decidido desafiar públicamente a la nueva dirección del partido. Portavoces ambos del equipo electoral de Ségolne Royal en 2007, los dos se han desembarazado de su antigua mentora y aspiran a encabezar la candidatura socialista en las elecciones presidenciales desde un planteamiento renovador. Por el momento, no forman una corriente organizada, pero el curso de los acontecimientos podría empujarlos a forjar una alianza.
Quien ha llegado más lejos en su pulso con la dirección del PS ha sido el barcelonés Manuel Valls. El alcalde de Evry, cortejado sin disimulo por el presidente Nicolas Sarkozy, ha montado ya su propia plataforma preelectoral, el club A la Izquierda, Necesidad de Optimismo y se dedica desde hace semanas a criticar abiertamente las opciones ideológicas y estratégicas de la dirección de su partido.
Harta del acoso, Martine Aubry le envió una dura carta en la que le insta, en tono de ultimátum, a poner fin a su escalada de críticas. “Das la impresión de esperar, incluso de desear, el fin del Partido Socialista” (Valls ha propuesto hasta abandonar el adjetivo socialista), escribe Aubry.
“Mi querido Manuel, si se trata para ti de dar una señal de alarma respecto a un partido al que te sientes vinculado, entonces debes acabar con estas declaraciones públicas y aportar en nuestro seno tus ideas y tu compromiso. Pero si las opiniones que expresas reflejan profundamente tu pensamiento, debes sacar plenamente las consecuencias y abandonar el partido”.
La primera secretaria termina conminándole a una decisión rápida: “es el momento de la verdad”.