En el súper, intercambio de puntos de vista con un colega de la escuela secundaria con fuerte acción en el tejemeneje palaciego. Aprovecho la oportunidad para que me explique por qué en un proyecto para el desarrollo de la aviación fueron incluidas materias en apariencia disímiles como la prerrogativa del Órgano Ejecutivo para determinar qué es susceptible de ser sometido a un estudio de impacto ambiental.
-Los panameños no entienden nada. Son ignorantes. Como los terroristas de Bocas del Toro. ‘Aviación’ semeja a ‘ave’; por lo tanto son materia ambiental. Están hermanadas, y así ocurre con las otros artículos de leyes y códigos.
-El pecado original –sustento- de esa legislación es haber anunciado a la instancia parlamentaria que se trataba de un proyecto de aviación y resultó un dragón de mil cabezas.
La mirada de mi colega fue fulminante.
-Tú tampoco entiendes. A escala mundial somos los primeros en armar este entramado legislativo, y ni la gente del perredé ni los sindicalistas lo admiten.
Nos despedimos y alabo la circunstancia de que no se haya asomado por el escenario ningún policía.
La Ley 30, apodada Ley Chorizo, del 16 de junio pasado es un dechado de virtudes y es una herramienta para el devenir del país. Si los ministros de Estado y los diputados oficialistas la despacharon sin chistar, como un campeonato de carrera de velocidad, es porque esa inspiración celestial no debía ser importunada.
Esta frase debe convertirse en el epitafio partidista de cada uno de los ministros y diputados entusiastas de junio de 2010: “Medidas para promover el desarrollo sostenible de la aviación nacional, reforma normas laborales y penales y adopta disposiciones para posibilitar la ejecución de proyectos de interés nacional”.
El término ‘aviación’ procede de ‘ave’, que es uno de los tesoros ambientales. En atención al análisis de mi colega, se cae el argumento de los ambientalistas de que esa ley es ajena al proyecto. Se desmorona el argumento de que la prerrogativa oficial sobre la obligación del EIA, que será reemplazado por las Guías de buenas prácticas ambientales. ¿Quién ha dicho que el beneficio judicial para los policías que cometen delitos no está enlazado con la aviación comercial? Solo es asomarse por el aeropuerto, y los podrás observar, vestiditos de negro, de paisano y sin uniforme.
El aumento de las penas para los blanqueadores de dinero, los falsificadores de pasaporte, cédula y licencia de conducir, todos estos criminales, siempre están relacionados con la aviación y los aeropuertos. En aquellos casos diferentes, se trata de personajes de alto vuelo, y pueden ser alcanzados por esa inofensiva ley, que, es falso, no fue engendrada como camarón legislativo. Esas son habladurías de la oposición envidiosa, que cree que en el fondo, como me explicó mi colega, se trata de un gobierno de codiciosos.
