BUEN COMER Restaurante Club Mirador El Piloto

El nombre le viene de su antigua sede en el aeropuerto de Paitilla

BUEN COMER Restaurante Club Mirador El Piloto
LA PRENSA/Jihan Rodríguez

Por el nombre, esperarías un club de esos de la más rancia sociedad limeña o porteña, o como mínimo, el de yates más chic de Punta del Este, en plena temporada, con tu Bertram parqueado al lado. En realidad, lo que parqueas es tu carro, y adentro, a rancio solo llegaría el pan. No es lo que esperas encontrarte en plena Vía Porras, a menos que recuerdes que el nombre le viene de su antigua sede en el Aeropuerto Marcos Gelabert, en Paitilla, donde miraba hacia la pista y era famoso por sus viernes de mariscos.

La Prensa no los visitó un viernes, sino un día de semana cualquiera. El local es más bien lo que quisieras encontrarte en las curvas de Tolé, ya que con sus sillas de cuero repujado, anuncios de cerveza y ambiente de fonda con feligresía fija, augura buena comida de pueblo.

Y es eso precisamente lo que te encuentras en El Piloto: allí llevaría a un antropólogo que quisiera disecar el paladar nacional. Porque a pesar de la excelente oferta gastronómica de que disfruta, el promedio ciudadano (aquel del ingreso familiar de 535 dólares por hogar de tres a cuatro personas) tiene su gusto bastante estandarizado y el menú aquí cabe perfectamente dentro de ese perfil. Por ejemplo, el menú ejecutivo tiene sopa de carne, pollo al horno, costilla a la plancha, corvina apanada y ropa vieja, cada uno con sus precios individuales, acompañado de arroz blanco, poroto, ensalada de legumbres y tajada. ¿Más panameño que el Canal? Totalmente.

De entrada, pedimos un seviche de concha negra, presuntamente el más popular (me imagino que porque no lo sirven en todas partes) y no nos decepcionó, aunque estuvo un poquito duro. También probamos, de entre las picadas, el mixto de pollo y puerco, que trae una montaña de pollito con unas pechuguitas de esas que jamás vieron una cirugía plástica, alitas diminutas y muslitos de Barbie, pero bien sazonados y con el pellejito dorado; otra de puerco, en daditos de un escaso centímetro, también con buena sazón y poco gordo; y generosa ración de patacones impecables.

De pura zoqueta (hay que ver hasta dónde se puede estirar la oferta de la cocina) pedí unos langostinos apanados que resultaron rebozados en una masa suave, con la cáscara por dentro. No obstante, amerito el sabor de la salsa tártara (no su textura), la carne delicada del langostino y su tamaño de fin de veda. El precio tampoco fue “dizque wao ”. Probamos asimismo la antedicha ropa vieja, y el plato fue exactamente lo que te esperas un día cualquiera en casa de tu tía: una ropa vieja normal, con buen sabor y textura (no vi gordos ni pellejos), porotos sabrositos, en fin todo normalito, normalito. El picante de la casa es sabroso y no pica tanto; el flan de coco, único postre del menú, estuvo muy sabroso y el café americano también. Dixit.

Calificación: 1* 1/2 Presupuesto: $ Dirección: Vía Porras No. 160, frente al parque Omar Horario: los lunes de 11:00 a.m. a 5:00 p.m., martes a sábado de 11:00 a.m. hasta que se vaya el último cliente; domingo cerrado Teléfono: 226-0428 Acceso a discapacitados: Normal Aceptan: Visa y Mastercard Recomendados: Seviche de concha negra, 3 dólares Relación costo-calidad: Mixto de pollo y puerco: 5.25 dólares

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