¿Qué les pasa a los banqueros estadounidenses y su idea en cuánto a que tienen el derecho? Después de perder miles de millones de dólares, recibir miles de millones de dólares del contribuyente fiscal de Estados Unidos y evitar el desastre solamente vendiéndose al Bank of America, la empresa Merril Lynch aún estaba lista para entregarle un bono multimillonario por desempeño a su director ejecutivo, John Thain. Se abstuvo solo después de una tormenta de protestas que se extendió desde la población civil hasta el Capitolio.
Resulta que la indignación no fue suficiente para detener el flujo de dinero que llegaba a otros ejecutivos. Según un reportaje de The Financial Times, Merrill otorgó entre 3 mil millones y 4 mil millones de dólares en bonos en diciembre: parte de un presupuesto de compensación que totaliza 15 mil millones de dólares para el año que fue ligeramente menor al de 2007.
Los bonos de final de año fueron aprobados por el comité de compensación de Merril apenas unos cuantos días antes de que los accionistas aprobaran la fusión y unos días antes que el Bank of America se enterara de las pasmosas pérdidas de Merril Lynch durante el cuatro trimestre. La noticia de los bonos otorgados a toda prisa casi llevó al Bank of America a retirarse del trato y, a final de cuentas, se requirió que el Tesoro estadounidense suministrara otros 20 mil millones de dólares, así como una garantía sobre miles de millones de dólares más en pérdidas potenciales.
Thain presentó su renuncia el jueves de esta semana. Sin embargo, el problema no es un banquero. Toda la industria financiera debe ser obligada a entender que los miles de millones de dólares que ha recibido de los recursos públicos no son una recompensa por la destrucción que sembró sobre el sistema financiero y las vidas de tantos estadounidenses.
El paquete federal ayuda para un rescate, por 700 mil millones de dólares, tenía el propósito de apuntalar los balances generales de los bancos y revivir los moribundos préstamos a consumidores y corporaciones. No obstante, los bancos se han negado mayormente a incrementar los préstamos. Algunos bancos saludables han recurrido a dinero del Gobierno para comprar a sus hermanos más enfermos, lo cual pudiera elevar su posición pero hace muy poco por la economía.
Muchos de ellos han estado prodigando dividendos a sus accionistas. JP Morgan Chase ha mantenido su dividendo a pesar de la caída en los ingresos, dilapidando un necesario capital. Citigroup y Bank of America redujeron sus dividendos solamente cuando recibieron una segunda ayuda de fondos de rescate.
Si bien la administración Obama no ha fijado criterios específicos para el capítulo siguiente del rescate bancario, el presidente Obama insistió en que volvería más estrictas las restricciones. Se necesitan reglas claras para limitar los dividendos y darle al Gobierno estadounidense la opción de obstruir fusiones entre bancos que reciben fondos del contribuyente fiscal.
