El discurso que pronunció el presidente Obama por la noche del martes ante el Congreso trazó una ambiciosa agenda para extensas acciones. Pero, aunque el Presidente ganó el elogio bipartidista por su elevada retórica y su descripción de las difíciles decisiones que el país encara, él enfrentará muchas más dificultades para acabar con la guerra bipartidista que ha seguido tenazmente a Washington a lo largo de las últimas dos décadas.
En su discurso, Obama tendió figurativamente una mano a los republicanos: y lo hizo literalmente durante una lenta caminata de salida del pleno de la cámara baja, donde saludó a docenas de legisladores del Partido Republicano, incluidos la senadora de Texas Kay Bailey y el representante de Houston John Culbertson. Él se pronunció por acabar con la cínica y dudosa política que predominó en la capital de la nación durante los años de Bush y de Clinton.
¿Pero, pueden palabras sanadoras curar las heridas? ¿Puede enmendar una grave crisis nacional la profunda división ideológica de Estados Unidos? La respuesta es, en el mejor de los casos, “quizá”. “Sobre todo, le das al nuevo presidente el beneficio de la duda”, comentó Kevin Brady, uno de los representantes republicanos de Texas. Sin embargo, después agregó: “El diablo está en los detalles”.
Los republicanos, encabezados por el líder de la Minoría en la Cámara de Representantes, el republicano de Ohio, John Boehner, argumentó que la presidenta de la cámara baja, Nancy Pelosi, demócrata por California, así como el líder de la mayoría en el Senado, el demócrata por Nevada, no han recibido el memorando de bipartidismo que envió el Presidente.
“Aun cuando esta administración predica un rompimiento con la política del pasado, la dirigencia demócrata en el Congreso estadounidense sigue practicando la misma política de siempre de D.C. ... de tratos a puerta cerrada, protección a intereses especiales, aunado a un gasto descontrolado”, destacó Pete Olson, representante republicano de Texas.
Apenas un día después de las peticiones de Obama en pos de unidad, todo parecía indicar que la vieja y acalorada retórica partidista había regresado a la capital. “Este fue el discurso más irresponsable e hipócrita que yo haya presenciado”, dijo el ex líder de la mayoría en la Cámara de Representantes Tom Delay, republicano de Texas, en la cadena Msnbc. Todo lo que dijo llevará nuestra economía al caño”. Los republicanos pueden criticar a Obama todo lo que quieran. Como saben los demócratas en el Congreso estadounidense y como demostraron durante el reciente debate sobre el estímulo económico, ellos no precisan de votos republicanos para poner en marcha sus planes.
De manera más específica, ellos no necesitan de ningún republicano en la Cámara de Representantes y solamente requieren de dos o tres senadores republicanos a fin de prevalecer en lo concerniente a cualquier tema. Este debate no es sobre si Obama necesita o no del respaldo republicano, sino gira en torno a saber si él quiere o no intentar comunicarse en vez de imponerle sus ambiciosos planes a un Congreso profundamente dividido sobre lineamientos partidistas.
¿Un nuevo día en Washington? Gene Greene, representante demócrata de Texas, dice que “cuando menos hay un rayito de esperanza. “El discurso de Obama, declaró, nos motivó a muchos de nosotros que hemos servido en la cámara baja y el Senado de Estados Unidos, que hemos estado aquí desde hace ya cierto tiempo”. “Claramente, él está intentando que avancemos como nación, sin consideración a los partidos”, dijo uno de los representantes republicanos de Texas, Michael McCaul, “y nosotros estamos listos para trabajar con él”. De cualquier forma, como advirtió otro representante republicano de Texas, Mike Conway: “Las palabras se las lleva el viento. ¿Por qué no empezamos (con el bipartidismo de inmediato?”.
